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Archivo de julio 2015

El poder de la tristeza en Del revés (Inside Out)

¿Hasta qué punto aceptas la tristeza en tu vida? ¿La abrazas igual que a tus momentos de alegría? ¿Le das espacio para «escucharla»?

Hoy vamos a explorar Del revés (Inside Out) y su opinión al respecto.

Te adelanto que reclama el papel de la tristeza en nuestras vidas y que está convencida de que las emociones pueden trabajar en equipo.

7 Pinceladas

  • Riley es una niña de 11 años con una infancia idílica y feliz que vive con sus padres en Minnesota.
  • Por motivos de trabajo del padre, la familia se traslada a San Francisco, lo que requerirá algunos ajustes.
  • Hasta ese momento, la alegría había sido el motor principal de la vida de Riley pero, con el cambio de vida, se enfrenta a nuevos retos y a un sinfín de emociones distintas que intenta evitar para mantenerse alegre y positiva.
  • Desde el comando de las emociones de la niña, Alegría tendrá que aprender a trabajar en equipo y valorar a sus compañeros Tristeza, Ira, Miedo y Desagrado (en la versión española, «Asco»).
  • Alegría se ve sumida al laberinto de los recuerdos de Riley y se le añade Bing Bong, el amigo invisible de la infancia de la niña. La aventura tiene buenas consecuencias para todos.
  • Alegría entiende que, en el mando de control, todos son importantes y Riley se ajusta a su nueva vida.

Batallón de reflexiones: 10 lecciones

#1. Las emociones no son buenas ni malas, son.

Riley piensa que tiene que estar siempre alegre y feliz, por ella y por los que le rodean.

No se permite sentir otra emoción y a la mínima que parece que alguna de las otras la «reclama», pone toda su atención en «aniquinarla».

Es lo que le han enseñado.

A ella, como a casi todos los niños del mundo.

Y sí, puede tener sus consecuencias una vez ya adultos.

Es más, seguro que te suenan familiares escenas como las siguientes:

1) «¿Estás triste? venga, va, vamos a ponerle remedio que además llorar es de débiles».

2) «¿Tienes miedo? pues no deberías: no hay absolutamente nada que temer. A ver si ahora resultarás ser una gallina».

3) «¿Te puede el enfado? Relájate, que además no es una postura muy zen. Ohmmmm».

Pero es que el miedo, la ira y la tristeza ayudan a ser quien eres y a conectarte con tu esencia, las emociones que te posibilitan recuperarte de una pérdida, de reconectarte con el entorno o de eludir de un peligro.

Recupera algún recuerdo e identifica si es el resultado de un cúmulo de emociones distintas.

¿Realmente te permites sentirte triste, con enfado o con miedo?

#2. Las emociones se gestionan a través de un panel de control.

Las emociones se van alternando pero puede que una sobresalga, que tenga un papel más protagonista.

En Riley, claramente es Alegría quien está al mando.

¿Quién controla tu panel? ¿Qué emoción está en los mandos? ¿Alguna vez su poder tambalea y dejas que alguna de las otra emociones coja el relevo?

Quizás es una buena pregunta para hacerte cuando reacciones frente a una situación de estrés sin pensar mucho o para iniciar una conversación con alguien.

Para un momento e identifica cuál es tu emoción predominante.

#3. Las 5 emociones principales y cómo escucharlas.

En la brigada de control encontramos 5 emociones al cargo: Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Desagrado.

Aprendemos que:

1) Si dejamos mucho tiempo que la ira esté a los mandos, el panel puede dejar de funcionar. ¿No te pasa que a veces en un ataque de enfado no ves nada claro y la lías incluso más? Pues eso.

2) El miedo es bueno en su justa medida, cuando te previene de peligros reales, no inventados.

3) No tienes que forzarte a estar alegre todo el día, incluso la tristeza tiene cabida en la felicidad.

5) El desagrado te aparta de todo que no resuena contigo y de aquello que no te sienta bien. (De las 4, es la que menos me queda clara. Habrá que explorarla un poco más).

#4. Las piezas encajan cuando Alegría redescubre a Tristeza.

Alegría no entiende por qué tiene que existe alguien como Tristeza.

La ve como un obstáculo para conseguir la felicidad plena y siempre trata de evitar que se acerque al control de mandos.

Es más, incluso intenta controlarla a nivel espacial, marcando un círculo de tiza en el suelo con una directriz: «Tristeza, no salgas de ahí».

Pero la «vida» tiene otros planes y enseña a Alegría, ya no solo a aceptar a Tristeza, sino a trabajar con ella.
Y es que a veces es su compañera la que tiene las respuestas.

Hay dos escenas perfectas en las que Alegría percibe el papel importante de Tristeza:

1)Bing Bong está triste porque ha perdido su querido vagón cohete.

Alegría, con el objetivo de animarlo, intenta distraerlo diciéndole que todo irá bien y que trate de reinterpretar la pérdida.

Pero no funciona.

Entonces aparece Tristeza y, escuchando a Bing Bong de una manera empática, el elefante se siente mejor y logra superar la situación: ha sido comprendido y validado.

2) Se da cuenta de que uno de los recuerdos más felices de Riley parte de un momento triste: el momento en el que falló un gol de un partido importante para el equipo.

Y lo es porque recibió el apoyo y el cariño de sus amigos y de su familia.

Hay que buscar lo positivo de cada situación pero también vivir la tristeza del momento.

#5. No fuerces la alegría si no te sientes alegre.

Aunque seas de naturaleza alegre (que siempre es mejor, claro) no pasa nada si tienes un momento «chof» (dure lo que dure).

Riley vive la etiqueta de «niña feliz» con presión, como un imperativo que no le permite mostrarse de otra manera.
Y eso le estresa. (Sí, aunque sea una niña).

Decide entonces evitar cualquier emoción de miedo, disgusto y tristeza, pero no puede.

Además, se siente ignorada, menospreciada y enfadada, por lo que relaciona la felicidad perdida con sus recuerdos del pasado y decide volver a Minnesota.

Otro «error», porque no tiene nada que ver.

Solo cuando deja de forzarse en ser feliz, asumiendo que todas las emociones tienen cabida en su vida, puede actuar de una forma más armónica y compartir, con sinceridad y confianza, cómo se siente realmente.

#6. Las islas de la personalidad tienen las claves de tu identidad.

Este concepto me gusta mucho. Hasta ahora, lo llamaba «molécula» pero lo de las «islas» me ha gustado, me lo voy a apropiar.

Las «islas» responden a la pregunta: ¿Qué te mueve en la vida?

A Riley, por ejemplo, es el hockey, la pizza, su familia, sus amigos.

Y son esas «islas» las que la hacen ser Riley y no Menganit.

Identificando tus intereses, tus preferencias, tus creencias, tus recuerdos te conoces un poco más y darás con ellas.

Y en esas islas estarán la clave de lo que eres, de cómo te comportas y de la totalidad de tu experiencia.

¿Cómo te defines? ¿Cuáles son tus islas?

#7. Los recuerdos esenciales definen lo que eres.

¿Te imaginas cuántos recuerdos tenemos guardados?

Trillones. (Vamos, como mínimo).

La mayoría son «inservibles», otros son «recuperables», y algunos (los menos), son los que podemos definir como «esenciales».

Estos últimos son lo que forjan lo que somos y los que asientan las bases de lo que seremos.

Los recuerdos esenciales pueden ser positivos pero también pueden ser negativos.

Lo ideal sería que los positivos ganaran en número. Y que lo hicieran por «goleada»: ellos forjan nuestra personalidad y cómo percibimos el mundo y nuestra identidad, mejor que sean positivos.

#8. Aunque no los percibas, los recuerdos siempre están ahí.

En Inside Out/ Del revés, la mente es como un pinball enorme en la que los recuerdos son pequeñas bolas luminosas de colores que se organizan en el banco MLP (Memoria a Largo Plazo).

Según la emoción más relevante del recuerdo la bola tiene un color u otro.

Están ahí «olvidadas» en el banco pero, a veces, el «control de mando» rescata alguna de ellas para poner sentido al presente.

Representan los recuerdos nostálgicos, aquellos que nos llevan al pasado y en los que se entremezclan pinceladas de emociones distintas.

Riley recupera momentos felices en Minnesota y siente alegría y tristeza a la vez de lo que fue y de lo que ocupó en su vida.

#9. Los cambios suponen retos pero te ayudan a crecer.

Riley tiene que sobreponerse al disgusto inicial de unos cambios que no se esperaba: en la pizzería, solo sirven pizza de brócoli, la nueva casa es un adosado y los compañeros de clase no tienen nada que ver con los de Minnesota.

El «problema» de Riley está en las expectativas, en las comparaciones y en querer una adaptación inmediata a la nueva situación.

Pero todos los cambios requieren un proceso y un tiempo de aclimatación.

Frente los cambios, apertura, tiempo y flexibilidad.

#10. Cada persona, una mente, y una «brigada de control» distinta.

La escena en la que está la familia junta comiendo y conversando cada uno desde su «mapa mental» y su «control de mando» es quizás es una de mis favoritas.

Cada uno de ellos se relaciona con los otros desde recuerdos, experiencias, interpretaciones y prioridades distintas.

La realidad no es igual para todos y el reto es entendernos. De ahí la importancia de la empatía.

Apuntes finales

Hay que ser positivo y alegre (una buena actitud lo es todo) pero también hay que dar cabida a las demás emociones, sobre todo a la tristeza.

Inside Out (Del Revés) nos invita a que abracemos cada emoción, a que la observemos sin juzgarla, a que le demos tiempo para que se exprese y, especialmente nos invita a «escucharla»: si pide paso en nuestras vidas, será que nos tiene algo que decir.

El arte de hacer un libro

En un mundo tan tecnológico, inmediato y automatizado, es bello descubrir procesos en los que todavía se tiene en cuenta el más mínimo detalle.

¿Sabes cómo se crea un libro de manera tradicional?

Pues te lo enseño en este vídeo. Y te adelanto que es bellísimo.

Fue publicado en el Facebook de Willy Foo pero mirando por ahí (para descubrir si era de él o quien era el autor que, por cierto, nunca descubrí) encontré esta versión musicalizada que te traigo hoy y que sí sé de quien es: de Kraftman Sheng.

El original no tenía sonido. El tema que suena es Softly, As I leave you de Roger Williams.

Sí que hay información del proceso (en inglés) pero en el caso de que no lo entiendas, no te preocupes porque verlo ya es una maravilla de por sí.

Y ahora ya sí que sí, a disfrutarlo.

OBJETIVO 1: Pregúntate qué te ha parecido. ¿Te lo imaginabas así?
OBJETIVO 2: ¿Te recuerda a algo?
AUTORES: Kraftman Sheng/Willy Foo.
CATEGORÍA: Pequeñas historias.

Validación emocional I

A ver si te reconoces en alguna de estas tres situaciones:

1) Quieres llorar, pero te han dicho que llorar es de débiles.

2) Tienes miedo, pero te dicen que tienes que ser valiente.

3) Necesitas gritar «es SUPER INJUSTOOOOO», pero resulta que te dicen que es inmaduro.

Hoy vamos a reflexionar sobre la importancia de expresar cómo te sientes y lo que representa para nosotros la validación emocional.

¿Qué consideras ‘importante’ para sentirte ‘bien’?

(Tienes dos minutos para responder)

¿Lo tienes?

Si es así, es muy probable que una de las respuestas haya sido algo así como: «sentirme valorado/a».

Una respuesta que, además, si lo piensas bien, es de lo más completita, porque aúna aceptación, respeto y cariño.  

Porque sí, absolutamente todos queremos ser justamente eso: ser valorados, respetados y queridos.

Y es que, si no, una de dos: o somos de otro planeta… o somos de otra galaxia.

De una manera inconsciente, buscamos una pertenencia de grupo, algo que nos viene de fábrica y una necesidad intrínseca a nuestro cerebro reptiliano. (Incluso los más rebeldes buscan un sentido de pertenencia, aunque sea a un grupo inusual).

Es más, buscamos la aceptación en todos los aspectos y áreas de nuestra vida: en la familia, en el trabajo, con los amigos e, incluso, en el vecindario.

El dilema (y reto) es cuando pensamos que, mostrándonos tal y como somos, conseguiremos todo lo contrario: el mayor de los rechazos.

Y eso estaría ligado a las creencias falsas que aprendemos desde la infancia.

Recuperando los ejemplos del principio:

1) Ser fuerte significa no llorar.
2) Ser valiente es no tener miedo,
3) Enfadarse es inmaduro.

El reto está cuando estos (u otros) sentimientos etiquetados como «inapropiados» afloran en ti porque, entonces, ¿qué haces? ¿Te los quedas para ti e intentas controlarlos? ¿Decides mostrarlos tal cual?

Y el problema es cuando, al compartirlos, incomodan a quien tienes enfrente y, entonces, una de tres: 1) le quitan importancia, 2) cambian de tema o 3) te echan la caballería encima por sentirte como te sientes.

Recapitulemos: te acabas de compartir y no has encontrado la acogida que necesitabas. Para la próxima vez, ¿pensarás hasta 10 antes de decir nada?

Pues, visto lo visto, seguramente te contestarás con un «sí, a la siguiente, me callo». (O no, pero es normal que te sientas mal: 1) no te ha servido nada y 2) te has mostrado vulnerable.

Aunque la intención de quien no te valida no tiene porque ser mala (puede que no lo sepa hacer mejor, sé compasivo) está claro que si te dice cosas del estilo «ya pasará», «qué inmaduro» o «menuda estupidez», no te hará ningún bien.

Como ser humano, tú sientes más allá de lo que la sociedad decida que es lo correcto.

Y si, vas a sentir impotencia, ira, envidia, orgullo…

Podrás hacer dos cosas: aceptar esas emociones, aprender de ellas y trascenderlas o culparte por sentirlas.

Pero sí, de primeras, reconócelas, que no pasa nada ¿Por qué te vas a reprimir?

¿Necesitas llorar? Llora.

¿Te sientes la persona más pequeña del mundo? Pues vale, no pasa nada: crecerás.

¿Necesitas gritar «es injusto»? Pues grítalo.

Seguro que alguien te entiende y te regala una sonrisa de apoyo.

¿Terminamos con un guiño de validación?

Lo haremos con una canción. 

Y atención con el estribillo: «It’s my party if I cry if I want You…. You would cry tooooo… if it happens to Youuuuu (Es mi fiesta y lloro si quiero, que si te hubiera pasado lo mismo a ti, tú también llorarías).»

Dale al Play.

Adaptada al tema de hoy, una versión de la canción podría ser algo así como «valídame como yo me he permitido y empatiza conmigo que un día puede pasarte a ti y ya verás como puede que necesites esa mano amiga…»

¿Es o no genial que haya una canción que reclame ese poder?

Leslie Gore pide abiertamente la empatía de quien la escucha invitándole a ponerse en sus zapatos. Ole por ella.

En un próximo post, 7 razones por los que la validación es importante.

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