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Artículos y destellos para ser cada día mejor.

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Archivo de julio 2015

Transformación secuencial de un diente de león

¿Alguna vez te has parado a mirar fijamente una planta o una flor?

Hoy te traigo los cambios secuenciales de un diente de león.

Tendrías que estar mirándolo fijamente durante más un mes para ver los pequeños cambios que experimenta en el vídeo.

Sí, un mes entero. Y teniendo en cuenta que las transformaciones suceden entre 5 y 45 minutos, casi no podrías ni parpadear.

Pero gracias a la magia de la tecnología y a la curiosidad de Neil Bromhall por las plantas y los jardines, puedes hacerlo.

¿Te apetece ver crecer a un diente de león?

OBJETIVO 1: Presenciar la belleza de la transformación.
OBJETIVO 2: ¿Qué te inspira?
AUTOR: Neil Bromhall
CATEGORÍA: Momentos con una historia detrás en los que se para el tiempo.

La humanidad en Mandariinid (Mandarinas)

Hay películas con una guerra de trasfondo en las que, aunque se respira el clima bélico, el conflicto es solo una excusa para adentrarnos a lo más profundo de nuestra parte más humana.

Mandariinid (Mandarinas) es, sin lugar a dudas, una de ellas.

Y es que durante 87 minutos esta joya cinematográfica —que lo es— te tiene el corazón en un puño viviendo la relación que establecen los protagonistas y cómo esta va transformándose a medida que la historia avanza.

Está entre las películas más interesantes que he visto en estos últimos tiempos y, de hecho, esta coproducción estonio-georgiana (sí, también se hace cine ahí) sigue siendo mi favoritísima.

Es una historia con una guerra abstracta en la que lo que menos importa es el enfrentamiento en sí y que se centra en las pasiones que nos mueven a los seres humanos.

La pregunta clave es la siguiente: ¿somos realmente violentos por naturaleza?

Y es que, si así lo fuera, ¿por qué, entonces, se intuye en los protagonistas una bondad que puede llegar a florecer de una forma pura más allá de la razón y de la enemistad más acérrima?

¿Exploramos?

7 Pinceladas

  • La acción se sitúa en 1992, en la rural Abjasia (al noroeste de Georgia).
  • El estonio y pacífico (a la par que pacifista) Ivo hace cajas de madera. Las hace para que su vecino Margus (también estonio) pueda guardar las mandarinas de sus árboles y venderlas después. La idea de Margus es volver a su tierra después de vender esta última cosecha.
  • Ivo y Margus viven en un ambiente en el que el conflicto entre Georgianos y abjasios (que buscan su independencia) se respira y es patente en sus tierras.
  • Los dos bandos tienen la intención de controlar la zona. Se mueven en jeeps y van armados con bazokas.
  • En un ataque entre ellos, Ahmed un mercenario musulmán checheno —contratado por las fuerzas abjasias— y Niko, un soldado georgiano, que es cristiano, resultan heridos.
  • Con la ayuda de Margus, Ivo acoge a los dos en su casa y ambos bandos, aunque enfrentados, se encuentran en el reto de tener que convivir juntos.
  • Existe una regla: No pueden matarse bajo el techo de Ivo. Mientras estén alojados en sus cuatro paredes, se respetarán.

Y hasta aquí te voy a contar.

Apuntes históricos

  • Durante los años de la Unión Soviética, Abjasia era una república autónoma dentro de Georgia.
  • En 1991, tras la disolución de la URSS, Georgia se convirtió en estado y Abjasia pasó a formar parte de él.
  • El 23 de julio de 1992, el pueblo de abjasia decidió declarar su independencia.
  • Lo hizo de forma unilateral y debido a los roces (sobre todo de matiz étnico) con el gobierno georgiano.
  • Estalló entonces un conflicto que, aunque breve, fue muy agresivo entre las partes implicadas.

Y en ese contexto se ubica la historia.

Batallón de reflexiones: la gran lección de Mandariinid

Para mí, el gran mensaje de Mandariinid es éste: «SÉ HUMANO y haz siempre lo correcto desde la humanidad que tienes dentro, que el mundo será mejor. Mucho mejor.»

Se relaciona con aquello de practicar con el ejemplo y nos recuerda que todos aprendemos por repetición, desde niños.

Ivo hace lo correcto más allá de cualquier dilema y cree en la humanidad y en la bondad más allá de cualquier malentendido.

Es un personaje misterioso y hermético pero tiene claro lo ridículo que es el enfrentamiento y que las rencillas no aportan absolutamente nada, más bien todo lo contrario.

Y actúa de forma consecuente y coherente, sin dudar y sin sentir necesidad alguna de argumentar sus actitudes.

Ivo es así de aplastante.

Y lo mejor es que crea un efecto dominó que acerca incluso a dos enemigos declarados.

De alguna manera se trata de que aunque todos los personajes (así como el resto de los habitantes de esta tierra) tengan todos su propia historia y todas disten entre ellas, siempre hay un eje común en el que comparten sueños y miedos, miserias, razones, alegrías, tristezas e historias de superación.

¿Te acuerdas de Rousseau cuando afirmaba que el hombre es bueno por naturaleza hasta que se demuestre lo contrario?

Es verdad que hay situaciones en la vida puede llevarnos a la violencia y despertarnos nuestra parte más reptil pero, ¿y si la bondad está en un vestigio más hondo que la violencia y puede hacer que la compasión y el respeto gane la última batalla que es, de hecho la más importante? ¿Y si fuera posible cultivarla en previsión para que floreciera a tiempo y evitara males mayores?

Es lo que yo me pregunto al ver la película y viendo la evolución de Ahmed y Niko.

Si el odio y resentimiento pueden paliarse con el perdón, con la comprensión, con una complicidad que nace de una compasión intuitiva que no requiere palabras, ¿no viviríamos mejor?

Es más, si nos podemos reconocer en el otro, ¿acaso pelearemos?

Y es que si nos reconocemos, si te reconoces al otro, nos encontramos con la empatía.

Y la empatía no aleja, sino que acerca.

¿Nos mueve lo mismo? Quizás sí…

¿Las similitudes pesan más que las diferencias? ¿Podrían hacerlo? ¿Por qué cuando hay un problema mayor la tendencia es ayudar en masa sin importar quienes es la víctima?

En definitiva, si todos somos de la misma familia humana, ¿de verdad que no podemos evitar los encontranazos de turno desde el principio?

Lo sé, muchos intereses de por medio pero «Y si…»

Pero bueno, paro aquí, no sea que me tilden como «la más preguntona de toda La Red» que hoy me estoy pasando.

Apuntes finales

La próxima vez que te encuentres en una situación de conflicto, antes de llegar a las manos o a las armas (ambos casos son metafóricos, que quede claro), pregúntate si hay algo que te acerque a tu potencial oponente, que seguro que lo hay.

Y bueno, muy a las últimas, si te es imposible encontrar alguna similitud, opta por encontrar un enemigo en común (en el caso de Ahmed y Niko, los rusos) y quizás desde ahí, consigues proseguir.

Quédate con esto: el acercamiento a conocer al otro desde el respeto puede poner punto final a enemistades ancestrales y restituir el sentido real de lo que significa humanidad.

Y no es poco.

La flexibilidad del acero

¿De qué está hecha el arma más poderosa?

De papel está claro que no pero, ¿será de piedra? ¿Tal vez de hierro?

Para esta entrada, recupero un pasaje de un libro que, en su momento, me gustó mucho y me resonó otro tanto. Al menos, ese es el recuerdo que tengo.

Se trata de Beatriz y los Cuerpos Celestes de Lucía Etxebarría.

Te cuento que estaba entre dos fragmentos y que, al final, he escogido éste por sorteo.

¿Será que debía ser así? Será.

El pasaje en sí.

«En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente. Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero por el fuego, para fundirse, acto seguido por el agua y por el aire, para endurecerse, y finalmente por la piedra, para forjarse. Y por fin se convierte en una espada de acero, la más resistente de las armas.

—Y supongo —dije yo, irónica—, que la moraleja de la historia es que uno sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.

—Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro —afirmó ella categórica—. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.»

Apuntes finales

¿Te acuerdas cuando te decían (te siguen diciendo) aquello de «Tienes que ser fuerte»?
Pues olvídalo: mejor que ser fuerte, es ser flexible.

Y, encima, es mucho más placentero.
Lo que me recuerda al junco y a su capacidad de amoldarse al viento, doblándose con él, pero manteniéndose erguido.

Apuesto a que a partir de ahora mirarás con otros ojos al acero y al junco.

No desestimes sus fortalezas que, además, son flexibles.

Acero, junco… y tú.

Validación emocional (II parte): 7 razones por la que es imprescindible

Siguiendo con el tema de la validación emocional (en la primera parte, vimos la importancia de llorar si así lo sentías), hoy, me ha dado por hacer una lista y razonar su importancia.

7 razones para la validación emocional

#1. Sube la autoestima.

Cuando te validan, te sientes respetado y aceptado por lo que eres, independientemente de cualquier etiqueta que venga de mano.

Y eso sienta bien.

Lo mismo cuando tú validas a alguien: al reconocer cómo se siente, le recuerdas que su vida tiene sentido.

#2. Reduce los conflictos.

La validación emocional evita tener que estar a la defensiva o justificándote todo el rato.
Lo mismo le pasa a tu interlocutor.

Aceptando las emociones del otro, hay un acercamiento empático, se evita malentendidos escalables y se crea un clima de concordia.

#3 Mejora la comunicación.

Es necesario estar dispuesto a escuchar sin prejuicios ni sentencias a la vez que formular preguntas abiertas y ofrecer comentarios constructivos.

Cuando hay buena comunicación, hay entendimiento y uno se siente cómodo en seguir compartiendo.
Ya sabes: «Hablando se entiende la gente».

#4. Regula las emociones.

Si te sientes escuchado y comprendido, ¿no te sientes más seguro y, sobre todo, en paz?

Y al contrario: cuando te sientes juzgado, ignorado, menospreciado o atacado, ¿no acabas preso del miedo, de la ira o de la angustia? ¿De pensar que puedes ser abandonado o traicionado?

Tus emociones no son correctas ni incorrectas, son.

Si te validan tus emociones será más fácil gestionarlas.

#5. Ayuda a ir formando la identidad.

Y lo hace permitiéndonos ser más conscientes de nuestros patrones de comportamiento y de los valores a los que somos acordes.

A más nos conocemos, más nos entendemos.

#6. Mejora las relaciones.

Que alguien tenga en cuenta tu forma de pensar, de hacer, proceder y sentir te hace ser más tú y eso siempre genera bienestar.

Lo mismo al revés: cuando alguien se siente a gusto contigo porque sabe que no tiene que ser, pretender o actuar de una forma determinada.

Y se trata de eso, de crear bienestar y armonía entre todos.

#7. Ayuda en los momentos de bajón.

En ocasiones, nos encontramos en situaciones difíciles en las que tiraríamos la toalla, abandonaríamos nuestros sueños y nos meteríamos debajo de las sábanas a hibernar.

Solo falta una persona amiga (sí, solo una) que nos valide ese sentimiento de desazón y que nos recuerde las cosas buenas que tenemos.

Entonces sucede la magia y vuelves a ser tú.

Apuntes finales

La validación emocional y la empatía van cogidas de la mano. Se trata de validar las emociones de los demás desde el respeto y desde una perspectiva donde la comunicación, la cooperación, la humanidad y las relaciones cobran todo su sentido.

Y tú, ¿validas? ¿Te sientes validado?

El hilo rojo de Yuè Cia`Lǎo

Turno para una bella leyenda china, versión oriental del concepto «almas gemelas».

Hay distintas adaptaciones a lo largo y ancho del continente asiático pero todas ellas enlazan el destino de las personas con un hilo rojo.

Lo hacen para que no se pierdan y para que, esos amantes predestinados a encontrarse, se encuentren más allá de tiempo, la distancia y las circunstancias.

Y hasta el momento del encuentro, ese hilo rojo permanecerá intacto: podrá estirarse, contraerse, tensarse e incluso enredarse pero nunca nunca nunca llegará a romperse.

He aquí una de las versiones de esta bella leyenda.

El hilo rojo

Wei Gu era de una familia poderosa y pudiente que vivía en Dulin.

Sus padres murieron cuando él era pequeño, por lo que quería casarse a una edad temprana, para no estar solo.

Sin embargo, todas sus propuestas de matrimonio fueron rechazadas.
Wei Gu viajaba bastante y en una visita turística a Qinghe, se hospedó en un hostal de la ciudad de Song.

Sabiendo del interés de Wei por casarse, un viajero le comentó que había una joven doncella casadera, la hija de Pan Fang, un funcionario del gobierno de Qinghe.

Y entonces, lo invitó a encontrarse con la familia de Pan delante del Templo Longxing.

Sería al día siguiente y Wei Gu estaba impaciente.

No pudiendo dormir de la emoción, cuando la luna seguía esperando el relevo del sol, Wei Gu decidió acercarse al templo.

Ahí, sentado en los escalones, recostado sobre un bolso, había un anciano leyendo un libro bajo la luz de la luna.

Era Yuè Cia`Lǎo, la deidad casamentera.

Wei se acercó pero no pudiendo leer el título le preguntó al anciano.

—Abuelo, ¿qué libro es ese? He estudiado muchísimas lenguas pero la de este libro la desconozco…

El anciano sonrió al chico y le dijo:

—Es un libro que proviene del mundo invisible, no es para los humanos. Por eso no lo puedes leer.

—Entonces, ¿es usted, abuelo, del mundo invisible?… ¿Qué hace aquí? —replicó Wei.

—Bueno, tú eres el que no debería de estar aquí… Llegaste demasiado temprano. Yo, como administrador del mundo de los humanos, puedo hacerlo desde aquí.

—¿Y qué administra, abuelo?

—Los matrimonios de la gente, atándoles con un hilo rojo —dijo el anciano.

—¿Es eso cierto? Mis padres murieron cuando yo era pequeño y me gustaría casarme joven para asegurar descendencia pero hasta ahora, y por más de 10 años, todas las propuestas de matrimonio fueron rechazadas. Ayer me comentaron que la hija del oficial Pang estaba soltera y hoy la voy a conocer… ¿Piensa que puede ser ella?

—No, tu futura esposa tiene ahora casi 3 años y hasta que no tenga los 17 no se casará contigo. En el bolso tengo el hilo rojo que os une, que ata a las parejas una vez están predestinadas a casarse. Es inútil que sigas buscando.
—Pero espera… ¿Quién es ella? ¿Dónde vive? ¿Puedo conocerla? ¿Me llevas a verla? —preguntó Wei Gu.

cVive con una anciana que vende verduras, al norte del hotel donde te hospedas. Ven.

Entonces, el anciano cerró el libro, recogió el bolso y guió al joven Wei Gu hacia el mercado.

Ahí, encontraron a una anciana enferma y con un ojo ciego que sostenía una niña de 3 años, ambas de aspecto poco agraciado, sucio y luciendo harapos.

—Aquí termina tu hilo. Es ella —le dijo el anciano señalando a la pequeña.

—¡¿¿Ella??!

—Sí.

—¿Te estás burlando de mí, anciano? No me gusta la idea. ¿Cómo va a ser ella?… Me abruma la idea, no quiero no pensar en ello… La mataría ahora mismo…

—¿Cómo vas a hacerlo si el destino te unirá a ella?¡Estáis destinados a ser felices juntos, joven.

Enfadado y confundido, y ante la mirada absorta del anciano, Wei Gu dio un golpe a la anciana y la niña cayó al suelo, haciéndose una brecha entre las cejas y empezado a sangrar sin parar…

Aun nervioso (y fuera de sí), el joven volvió a su hostal, recogió sus cosas y decidió volver a casa para olvidar el asunto.

De hecho, siguió proponiendo matrimonio a todas las doncellas casaderas que iba encontrando pero, nada, únicamente sumaba fracaso tras fracaso.

Pasaron los años y casi 3 lustros después, volvío a Song y empezó a trabajar para Wang Tai, un funcionario de defensa.

Al cabo de un tiempo, el oficial decidió entregarle la mano de su hija, una hermosa joven de 17 años.

Wei Gu estaba contento. ¡Por fin iba a casarse!

Y se casó.

Sin embargo, le intrigaba que su esposa siempre llevaba una pequeña flor entre sus cejas y que nunca se desprendía de ella por lo que un día, decidió preguntarle…

—Querida esposa, ¿a qué se debe tu flor entre las cejas?

—Es parte de mi pasado. En realidad no soy hija de Wang Tai, sino su sobrina. Mi padre murió en funciones, así como luego mi madre y mi hermano. Por entonces, yo era un bebé y me trasladaron a vivir a la ciudad de Song donde una mujer, Chen, me cuidó. Ella era pobre pero sobrevimos vendiendo verduras en el mercado. Cuando tenía unos 3 años, un loco golpeó a mi querida Chen y yo caí haciéndome una herida que acabó en una cicatriz. A los 10 años, mi tío vino a por mí y me adoptó. La flor es para disimularla…

Absorto y aturdido, We Gu le preguntó.

—¿Tenía Chen un ojo ciego?

—Sí, ¿cómo lo sabes?

—En realidad, fui yo quién empujó a Chen…

Y entonces, otra vez confundido, pero lleno de amor, le contó lo sucedido.

Momentos de Reflexión

A mí me parece interesante (cuanto menos, curioso y misterioso) que en casi todas las culturas encontremos leyendas parecidas a la del hilo rojo, historias que sugieran que estamos predestinados a encontrarnos con los que nos vamos encontrando.

Sea cierto o no, tienen un punto mágico y romántico, aunque los hilos no tengan que ser rojos ni los vínculos románticos.

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