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Artículos y destellos para ser cada día mejor.

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Archivo de abril 2017

El cerrajero

Hoy te traigo un cuento Idries Shah, uno de los maestros sufís más importantes del siglo XX, sobre todo por querer hacer llegar el sufismo a Occidente de una manera llana y práctica.

Con él descubrirás ese momento en el que sucede la magia, ese instante en el que dejamos de mirar para ver y percibir el mundo que nos rodea desde una perspectiva totalmente distinta y que, de alguna manera, pide que lo abracemos y nos fundamos en él.

El cuento del cerrajero

Había una vez un cerrajero al que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda.

Cuando llevaba algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo, se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día.

El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración.

El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella.

Pasado un tiempo el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices.

Y es que un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía
prisionero.

Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias.

Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión.

Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros.

También deseaban escapar, pero no tenían los medios para hacerlo.

Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado. Juntos amasarían recursos para la huida y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave.

Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo.

Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar.

Se reunió con su mujer y los exguardias se convirtieron en sus amigos.

El amor y la pericia prevalecieron y todos vivieron en armonía.

Fin.

Momentos de reflexión

De ser cierta la historia, imagínate el momento en el que el cerrajero entiende el mensaje de la alfombra, menudo eureka.

Y seguro que tú también has vivido momentos similares.

¿O no te ha pasado alguna vez que tenías un lío descomunal en la cabeza y de pronto diste con la clave para desentrañarlo?

Seguro que te pusiste a dar saltos de alegría, o sonreíste, o lloraste, o te faltó tiempo para llamar a alguien querido para contárselo.

No creo que haya un momento más poderoso en nuestras vidas que aquél que descifra una clave que da mayor sentido a nuestra existencia, que soluciona un problema, que da con el movimiento ninja que nos saca del caos en el que estemos, que permite acercarnos a la libertad, que nos hace sentir que tenemos poder y decisión y que, ante todo, nos permite ser.

Pero sí, a veces nos complicamos la vida, y justamente  este cuento nos recuerda que la solución puede estar ahí mismo, bajo nuestros pies, incluso de forma literal.

La cuestión es si queremos mirar de verdad (no solo ver) y hacer lo conveniente para que lo abstracto pase a ser una realidad, que es cuando entran en juego la pericia, la creatividad y la planificación.

¿Habrá que ir por la vida con los ojos más abiertos con la confianza de saber que somos suficientes para lidiar con cualquier situación? Habrá.

 

Cuando un cuadro es más que un cuadro

No recuerdo dónde ni cuándo encontré esta cita que te traigo hoy, pero me gustó, la transcribí a mi cuaderno de notas y el otro día se me ocurrió compartirla contigo.

Me gusta porque creo que está en lo cierto. O, al menos, coincide plenamente con mi percepción.

Digamos que yo, como John, también intento descifrar los «mensajes ocultos» de un cuadro, los tenga o no, y tomándome  el privilegio de pensar que su autor los puso ahí pensando en mí y solo para mí.

En todo caso, me los invento buscando los significados que mejor me convengan en ese momento, cuando las palabras se quedan cortas y entonces aparece un lenguaje que va directo al alma a través de los colores y las formas.

Lo cierto es que me hubiera encantado tener el don de la pintura para expresar con ella lo que con las palabras no llego. Mi alternativa es una carpeta en el ordenador con «mis» cuadros e ilustraciones favoritas, aquellos que me hablaron y me siguen hablando y a los que regreso cuando necesito un  consejo que me ilumine, una clave que me ayude a avanzar, una pincelada de belleza o un instante de inspiración.

Creo que, como los libros, las pinturas están ahí para «hablarte» y abrirte miras . Unos, cuando los lees; las otras, cuando las admiras.

john beger cita

OBJETIVO 1: Recordar algún cuadro que te impactara en su momento. ¿Qué te dijo?
OBJETIVO 2: ¿Qué pintura te identificaría más en esta etapa de tu vida?
CATEGORÍA: Palabras con un punto pictórico.

Pensamiento crítico: falacias lógicas

Falacia:

1. f. Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.
2. f. Hábito de emplear falsedades en daño ajeno.

—Real Academia Española.

Retomamos el tema de la racionalidad, el pensamiento crítico y sus retos (en una primera parte tratamos los sesgos cognitivos) con las falacias lógicas, aquellos argumentos que podrían parecer acertados, pero que no lo son.

La historia es que, justamente por eso, porque parece que puedan estar en lo cierto, podemos encontrarnos aceptando sus  conclusiones como verdaderas (sin dedicar un segundo a la reflexión) y dejando que, además, afecten nuestro poder de decisión (que es todavía peor).

Lo ideal, claro, es que las podamos identificar cuánto más rápido mejor (o aunque sea con una contorsión en el último momento, da igual), ya sea porque la estamos creando nosotros mismos, que puede ser (errar es humano), o porque nos encontremos frente a una de ellas, sea mal intencionada o no.

Maldades aparte (vamos a dejar las turbulencias a un lado), te propongo centrarnos en ajustar al máximo ese radar crítico para la identificación de algunas de las falacias lógicas más habituales, para que así no te pillen tan de sorpresa, que no es poco.

Hay muchas y de lo más variadas (siéntete libre en seguir explorándolas) pero aquí tienes una selección hasta 10, las que me parecen más relevantes de las que conozco.

Eso sí, acerquémonos desde la curiosidad y desde lo fascinante que es nuestra mente.

No creas en algo simplemente porque lo has oído. No creas en algo simplemente porque es dicho y muchos lo rumoran. No creas en algo simplemente porque se encuentra escrito en los libros religiosos. No creas en algo meramente por la autoridad de tus maestros y ancianos. No creas en tradiciones porque han pasado de mano en mano durante muchas generaciones. Solo después de observar y analizar, cuando encuentres algo que es acorde a la razón y conducente al bien y benéfico para uno y para todos, entonces acéptalo y vive según eso. ―Sidharta Gautama

Recopilando Falacias

[Notas previa]: el error en las falacias lógicas puede estar en las mismas premisas (su contenido es ya de por sí irracional y no pueden dar lugar a la conclusión) o por su vinculación (su relación no es válida, no existe coherencia entre ellas).

Voy a utilizar algunos ejemplos tontos y exagerados, pero creo que pueden calar más y ver mejor lo absurdo de todo este tipo de manipulación, que lo es. El objetivo es que, al final de la entrada, te hagas con un radar falogi para detectar falacias. De cualquier tamaño, incluso si es mental:

falacias logicas radar

Ahí van 10 argumentaciones que requieren un estado «vigilante»:

#1. Ad hominem. Ataca a la persona, o una de sus condiciones, no a su argumento. Puede ser directo, indirecto o por una descualificación previa, faltándole al respeto. En todo caso, no debería afectar a su credibilidad y el ataque no tiene relación directa con el tema que se debate, pero se vincula.

1.a) Ataque directo (a una condición):

Eres pelirrojo… ¿Por qué debería aceptar tu teoría como cierta? Los pelirrojos estáis locos.

(Y entonces descubres luego que se trataba de Galileo. ¿Qué tendrá que ver su color de pelo con su capacidad de raciocinio y análisis?).

1.b) Ataque indirecto (asumiendo un interés de por medio):

Naturalmente que quiere que se supriman los exámenes: ¡es un alumno!

(Habrá que mirar primero cuáles son sus razones, ¿no?).

1.c) Por descualificación previa (desde una generalización caracteriturizada):

¡¿Qué sabrá siendo tan joven?! ¿Pero quién se ha creído? Además, mira qué pintas me lleva, si parece un payaso perroflauta venido de Marte, ¡por favor! Además, a ver hasta dónde llega que se ve a leguas que es demasiado emocional y es amigo de ese grupito que vive en las afueras…

#2. Ad ignoratium. Cuando algo no puede demostrarse que es falso, entonces queda contemplado como veraz, aunque no lo sea.

En otra vida fui Cleopatra. Y sí, lo de los baños con leche de burra es totalmente cierto, en serio.

(A ver quién da más).

La mayoría de la gente no fue a la manifestación, por lo que aprueban nuestra política.

(Pero espera, ¿significa eso que esté a favor de los recortes?).

#3. Ad verecundiam. Es la falacia de la autoridad, cuando se vincula una premisa con una persona reconocida y con prestigio, aunque no sea su campo).

Lionel Messi apuesta por la dieta paleo.

(Voy a asumir que conoces a Leo. Lo otro es inventado, no sé ni si la conoce).

#4. Ad Nauseam. La falacia de la repetición. Se bombardea tanto una idea que, al final, te la crees.

¿Conoces el método tal.y.cual? He leído ya en varios sitios que lo va a romper, así que mejor nos ponemos con él ya y no nos quedamos atrás.

(Claro, claro…).

#5. Por observación o lectura selectiva. Se escogen solo las circunstancias favorables a un punto de vista. O las desfavorables, si estás en contra.

Como señalan nuestros datos, nuestro método cumple con las exigencias de los ciudadanos.

(¿Y si cambiamos los criterios?).

#6. Por generalización. No hay término medio, o eres traidor o eres patriota; o eres ateo o eres fundamentalista; o eres de carne o eres de pescado. O escoges playa o escoges montaña. Y así, sin matices, pero con todo lo que conlleva o se ha decidido que conlleve

Es que es musulmán.

(¿Y? En fin).

#7. Ad misericordiam. «Ataca» a nuestros buenos sentimientos, no como complemento a las razones, sino para que las sustituya.

No querrás que tu familia sufra….

(Pues claro no, ¿pero eso te da libertad para manipularme?).

#8. Ad baculum. Se usa el temor y la amenaza, no un argumento.

Entiendo que nadie del equipo va a secundar la huelga, a no ser que quiera perder su trabajo, claro.

(Acabáramos).

#9. Pregunta compleja. Se asume como verdadera una información previa.

Entonces, ¿cómo hiciste para hacer trampas?

(¿Y si no las hiciste?).

10. Non causa pro causa. Se identifica como causa de un hecho aquello que justo le precede en el tiempo. Es una causa falsa.

Gracias a que el año pasado invertimos más dinero en prevención de asaltos, estos se han reducido en un 3%.

(¿Y si es por otra razón?).

(…)

Apuntes finales

¿Y qué me dices del lenguaje poético que hace que todo suene bien, aunque sea falso, incierto, incorrecto o inapropiado? («El amor duele» —espera, ¿siempre?— o cualquier estribillo de un hit del verano).

¿Y de esos eslóganes pegadizos que te prometen lo máximo, aunque no te dicen cómo? («Yo no soy tonto», «Porque tú lo vales»).

¿Del uso de citas y dichos famosos como el eje central de una campaña? ( Sé agua, mi amigo que decía Bruce Lee y que luego recuperó una marca de coches…).

¿De esa jerga técnica e intelectual con palabros complejos o nuevos (o los dos) que parece que le dé un valor mayor a lo que se presenta y luego se ponen de moda? (Ahora hay que ser resiliente, las isoflavinas, los abdominales hipopresivos, la meditación yumaranga —inventada—…).

¿Del uso de eufemismos? (daño colateral, intervención militar, democratización en el medio oriente —¿En serio?—).

¿De la ambigüedad para crear sensacionalismo, misericordia o terror?

¿De los equívocos que no requieren más de un segundo para analizarlos?

¿Cuando se compara la escuela y el mundo empresarial y se quieren implementar los procesos de uno al otro?

¿De esa mayoría consensuada que «hace» veraz cualquier postulado que se le antoje, aunque su aproximación sea errónea?

¿De ese lenguaje emocional para que caigamos en las redes del nuevo lo.que.sea «solo» porque te va a hacer sentir especial y más de todo.lo.bueno? («Entra bella, sal preciosa», «Despierta el tigre que hay en ti»… ¿Seguimos?).

¿De esa lista de turno con los mejores influencers (Me refiero a las «personas influyentes», pero ya sabes hasta qué punto se lleva lo anglosajón)  respecto a un tema sin saber, de facto, hasta qué punto deberían serlo?

Pensamos que estamos en control y que nuestra mente consciente está en los mandos conduciendo nuestras decisiones y frenando a nuestro subconsciente.

En el momento de tomar una decisión, todos sentimos que estamos actuando libremente, seleccionando a voluntad una opción entre infinitas posibilidades. Pero la investigación sugiere que ese sentido de libertad puede ser una mera ilusión producida por el funcionamiento de cerebro humano. ―Richard Restak. The Brain Has a Mind of Its Own.

Pienso yo que, cuando hay premeditación o intereses de por medio, es una manipulación como otra cualquiera.

Y por eso mejor estar al loro. (Sin obsesionarse, claro, pero al loro).

Para ir terminando, una última reflexión: está claro que, como humanos, tenemos la capacidad pausada de reflexionar, observar y analizar lo que nos rodea sí, pero si todavía tengo algo más claro es que la mayoría de las veces nuestra parte inconsciente es la que toma los mandos y vamos por la vida con respuestas automáticas , emotivas y condicionadas, que no siempre vienen de la intuición.

Quizás la única fórmula para darnos cuenta de ello es escribir un diario, tener muy claros nuestros valores y avasallarnos de muchas preguntas para descubrir que hay detrás de nuestras decisiones, a lo Sócrates.

Ad infinitum y más allá, que nada es seguro y nada sabemos, pero que no sea por falta de interés, curiosidad o espíritu crítico.

Un dilema y una tercera vía

Si alguna vez has participado en alguna dinámica de grupo, existen altas probabilidades de que conozcas el «dilema de los prisioneros» en alguna de sus tropecientas versiones.

En plan resumen, el planteamiento inicial es el siguiente: la policía arresta a dos sospechosos de un crimen cualquiera pero no tienen pruebas contundentes para condenarlos. Deciden entonces separarlos y ofrecer a cada uno el mismo trato. Se presentan 3 posibles situaciones con sus respectivas consecuencias:

1) Uno de los dos confiesa y el otro no: el que ha confesado se libra de cualquier pena y el otro pasará 10 años en prisión.

2) Ninguno de los dos confiesa: se les juzgará por un cargo menor y la pena máxima será de 1 año para cada uno.

3) Ambos confiesan: los dos serán encarcelados por un máximo de 6 años cada uno.

Yo he participado en el juego varias veces y, excepto en una ocasión, siempre me llevo la pena máxima. Qué se le va a hacer, prefiero confiar en la ética de la gente.

Y, esperando que te haya ubicado un poco, me centro ya en el destello de hoy:

Golden Balls era un concurso de la televisión que se emitió durante dos años en la televisión britànica (BBC). En la parte final del programa, a los jugadores se les ofrecía dividir el premio (split) o quedarse con todo (steal). Entonces:

1) Si ambos jugadores elegían «split» se repartían el premio.

2) Si uno de ellos decidía dividir (split) pero el otro había optado por quedarse con todo (steal), el primero no se llevaba ni un céntimo y el segundo se iba con todo el dinero.

3) Si los dos jugadores optaban por no compartirlo con su compañero (steal), los dos volvían a casa sin nada.

Lo que es interesante es que cada jugador tenía que convencer al otro de que iba a colaborar y que, por tanto, escogería compartir el premio (split) para que ambos se repartieran el bote. La pregunta es si luego ambos cumplirían su palabra.

Para mí, lo ético e ideal sería que en cada una de esas finales se hubiera optado por la colaboración (no solo de palabra) y todos volvieran a casa con algo pero ya puedes imaginarte que no siempre fue así (si no, el juego no tendría emoción).

¿Qué pasaría si un concursante propusiera un trato inesperado a su contrincante que, además, dejara «loca» a la audiencia y totalmente desubicado al presentador?

Te presento a Nick y a Ibrahim.

OBJETIVO 1: Preguntarte qué habrías hecho en el lugar de Ibrahim y hasta qué punto confías en los demás.
OBJETIVO 2: Recordar las veces que te han fallado y has fallado, pero también aquellas en que la confianza te trajo alegrías.
CRÉDITO: Golden balls, Nick e Ibrahim.
CATEGORÍA: Más allá de la confianza.

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