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Artículos y destellos para ser cada día mejor.

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Archivo de junio 2017

Las personas que inspiran a Mercè son las mismas que a ti

(Y me darás la razón cuando acabes de leer la publicación de hoy.
E incluso les pondrás nombres)

Dice Mercè Roura que ama la imprudencia de sus palabras y que escribe por necesidad.

Yo digo que ella escribe en ese lenguaje del alma que entrelaza palabras que hacen vibrar y que esa necesidad que comenta es proporcional a la nuestra por leerla.

Conocí a Mercè en el aeropuerto, en la puerta de embarque del mismo vuelo. Nos sentamos al lado y al minuto  ya sabía que era una mujer especial. Solo me faltó confirmarlo. Y lo hice. Encima, es todo amor, que ya es todo un hallazgo de por sí  (o ya me dirás tú a cuántas personas «todo amor» conoces tú). El destino no quiso que nuestros asientos en el avión fueron contiguos, que fue una pena (y que hubiera sido la guinda del día, claro), pero después seguí conociéndola a través del email y de ese precioso blog en el que se comparte de una manera tan pura que no puede sino resonar con esa parte más bonita que todos tenemos, la tengamos más o menos escondida: nuestra esencia.

Ya hace tiempo que quería compartir contigo uno de sus escritos, pero como comportaba descartar el resto, lo fui posponiendo.

Pero sí, por fin ya tengo mi elección, y espero que te inspire tanto como aquellas personas que la inspiran a ella, que me atrevo a afirmar que sí, que así será.

A Mercè la puedes seguir en su blog  La rebelión de las palabras y en los dos libros que tiene publicados, a cual más positivo y bonito: Cosas que debí decirte hace cien años  y  Amo la imprudencia de mis palabras.

Te dejo con ella.

Las personas que me inspiran

No conozco a nadie que sea extraordinario que no haya vivido un conflicto importante. Nadie que sea único que no haya tenido que librar una batalla dantesca con sus propios demonios… La excelencia surge siempre de ponernos a prueba y dar un paso más. Aunque no resolvamos ese conflicto, aunque no ganemos, sencillamente por el hecho de afrontar ya creces. Es un poco como pasar a un nivel superior donde te cruzas con personas que saben más y tu cabeza se despeja de todo aquello que te ofusca para que puedas concentrarte en lo que te hace evolucionar. Surge de vivir intensamente y llegar a ese punto en que debes ser mucho tú mismo para soportar la presión, cuando ya no te avergüenzas de nada… Nace del no poder más y gritar, de decidir explotar de una vez y seguir tus ideas y sensaciones pase lo que pase.

Nunca he encontrado en el camino a nadie maravilloso que no llevara algunas espinas clavadas, ni la marca de unos dientes en la conciencia o la espalda. Nunca he visto a nadie que valga la pena que no tenga cicatrices… Los arañazos son dolorosos pero te despojan de capas de piel cubiertas de miedo…

No sé de nadie que haya crecido sin tener que serpentear, arrastrarse, mutar de forma o cambiar de estado. Los que acaban descubriendo que saben volar es porque un día estuvieron al borde del precipicio y no tuvieron más remedio que saltar confiando en desplegar unas alas que jamás habían tenido la certeza de que estaban en su espalda… Aunque las habían soñado y casi notado mil veces. El mero hecho de encontrar en ti esa confianza para saltar ya te transforma.

Las personas más sólidas que he conocido llevan a sus espaldas los miedos más terribles. Y todas han aprendido a tenerlos a raya y sacarles partido. Los han superado, aunque los lleven un poco prendidos en la espalda y, de vez en cuando, al bajar un poco la guardia, sus temores más rotundos les enseñan los dientes y les mordisquean la nuca para que recuerden que siguen ahí… Y esas personas hacen lo mismo, miran a sus miedos y los identifican, para tomar una posición de poder ante ellos. Al final, no se trata de no tener miedo, sino de manejarlo.

La personas más grandes que he conocido han aprendido a reírse cuando el asco sube por su garganta y a atisbar un hilo de esperanza que casi no se ve, suplicando encontrar la madeja para sobrevivir. Se han remendado por dentro mil veces y han encontrado alguna razón para levantarse después de una noche eterna de lágrimas. La más importante, reírse de ellos mismos y llevarle la contraria a la adversidad.

Las personas que me han inspirado son fuertes y, al mismo tiempo, tiernas. Han salido de su mundo para verlo desde otra perspectiva. Han convertido el dolor en algo hermoso, hay conocido su punzada y han sabido mantenerla a distancia sin esconderse… Conocen hasta donde llegar en cada momento y saben ir superando esos límites. De tanto intentar, subir y bajar, adaptarse y cambiar, son elásticas. Siempre se recomponen. Se pegan, se empastan, se cosen. Encuentran la forma de buscar alicientes de manera constante… Encuentran un tiempo para todo y viven.

Las mejores personas que he conocido aman siempre. Aman lo que pisan y miran, lo que tocan, lo que les hace reír y, a menudo, también lo que les ha hecho llorar. Aman todas y cada una de sus sensaciones, incluso las punzadas de dolor, para aprender de cada instante… Aman a otros y se aman sí mismas. Aman intensamente, porque saben que nunca se quedarán vacías por amar.

Siempre ponen sus propias normas. Viven según su código. No se obsesionan por las palabras que dicen de ellos personas que no responden a sus valores. No esperan aplauso, ni se rinden ante el abucheo. No aceptan regateos ni caben en los esquemas de otros, no esperan ninguna señal para actuar porque saben que sería una excusa para permanecer inmóviles.

Han aprendido a perder desde la infancia. No lo han tenido fácil. Han convertido el perdonar en hábito y el fracaso en una victoria. Siempre aprenden, a veces de otros, cada día de sus titubeos.

Caminan por la cuerda floja y soportan perder el equilibrio. Aguantan la incertidumbre de arriesgarse a caer todos los días. Pueden hacerlo porque no confían en la cuerda sino en sí mismos.

Tienen sueños a puñados. Algunos nos harían reír por simples y entrañables. Otros nos causarían vértigo porque parecen imposibles. Y han descubierto que pueden superar sus sueños, porque no se atan a nada que les haga perder un minuto de felicidad. Sus metas les ayudan a arrastrarse cuando están cansados, pero no están asidos a ellas. Nada les ata a nada, más que su confianza en ellos mismos, en saber que encontrarán la forma de seguir. Porque saben que los sueños no son hipotecas y son capaces de cambiar de rumbo si hace falta en un momento…

Las personas que me inspiran se dejan llevar por sus pasiones. Se envuelven en ellas pero saben controlarlas, como si se sumergieran en el mar y nunca dejarán de nadar para que el agua no les cubra.

Las personas más increíbles con las que he topado abrazan la soledad, pero adoran la buena compañía. Han encontrado un lugar, en uno de los rincones de su ser, donde siempre hay calma. Un lugar desde el que se puede contemplar el delicioso baile de la lluvia y decidir si salir a mojarse o acurrucarse tras el cristal. Y a menudo, se mojan… Porque saben que la única manera de llegar a la meta es lleno de barro.

Apuntes finales

Ante tanta belleza entenderás que poco más puedo aportar, pero ahí va un minipack de reflexión con un testimonio, una propuesta y un deseo.

El testimonio: he reconocido en las palabras de Mercè nombres propios de gente que ha pasado por mi vida y por las que estoy eternamente agradecida, aquellas que me han inspirado en mayor o menor medida, ya sea porque llegaron en el preciso momento, o porque su recuerdo me rescató en un momento de reto. (Y no, no todas ellas tienen un puesto de honor en mi ALDELGRAN*, pero sí una sonrisa y un agradecimiento cuando las recuerdo).

La propuesta: te propongo identificar algunas de esas personas «importantes» y enviarles algún tipo de nota (pero no un mensaje por whatsapp, por favor), llamarlas o hacerles un pequeño detalle para que sepan lo mucho que han aportado en tu vida:  será bonito, les arrancarás una sonrisa y tú te sentirás en estado de gracia al lado de la diosa Ganesh (por ejemplo, pero escoge la divinidad que quieras, solo faltaría).

El deseo: espero que estas palabras te motiven a ser mejor e iluminar a lo que te rodean, que nunca sabes a quien puedes inspirar o cambiar la vida, incluso aunque lo hayas pasado tan sumamente mal que te parezca un imposible mejorar el día de alguien. Si te sirve de algo, yo, como Mercè, «nunca he visto a nadie que valga la pena que no tenga cicatrices…».

…………

[*ALDELGRAN, ALtar DE Los GRANdes, término mandalayco que alberga aquellas personas que han sido importantes o han aportado algo especial en mi vida, las haya conocido en persona o no, que hay algunas que abandonaron este mundo ya hace siglos, pero que, aun así, tienen su plaza en mi altar particular, y vaya si la tienen].

Rusalka, la luna y Dvořák

Si algo recuerdo de la infancia es a mi abuela y su radiocasete. Cuando no estaba atendiendo a la radio, que lo sigue haciendo, disfrutaba poniendo banda sonora a sus tareas escuchando sus cintas una y otra vez. Yo recuerdo especialmente dos con cariño: una que se llama Los valses de Viena  (o algo así) y la cinta de Antonín Dvořák, al que seguramente conocí mucho antes que a compositores más famosos (ya sabes: Mozart, Beethoven, Bach…) y cuyo rostro me parecía de lo más serio y antipático. Un rostro que no me cuadraba con sus composiciones, que me parecían tremendamente bellas y que me llevaban  a otros mundos.

Hoy he pensado en convertir en destello una de sus piezas, el aria Canción a La luna de la ópera Rusalka, estrenada en 1901 con un libreto de Jaroslav Kvapil, escrito antes de que Dvořák se encargara de la musicalización, y que está inspirado en un cuento que seguro que conoces: La Sirenita de Hans Christian Andersen.

Lo que hizo Kvapil fue adaptar la historia a la mitología eslava en la que Rusalka es una ninfa que vive en el agua y que sueña en convertirse en mujer. En el aria, la ninfa pide a la luna un cuerpo humano para así poder enamorar al príncipe, del que se ha quedado totalmente prendada, y todo lo que luego comporta, en este caso el sacrificio de perder su voz.

Raudales de romanticismo para un momento cualquiera con un punto retro y setentero. (Había más versiones, que la ópera ha sido interpretada muchas veces, pero te traigo la que más me ha gustado) :

Pequeña luna que desde lo alto en el cielo,
Tu luz ilumina todo,
Y vagas por la superficie de la Tierra,
Bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
Detente un momento,
Dime, ¿dónde está mi amor?
Dile, luna plateada,
Que es mi brazo quien lo abraza,
Para que se acuerde de mí,
Al menos un instante.
Y dile que yo espero,
Ilumínalo todo, desde lejos,
Y si aparece en un sueño para el alma humana,
¡Oren para que se despierte con este recuerdo!
¡Luna, no te escondas, no te escondas,
Luna, no te escondas más!

OBJETIVO 1: Dejarte llevar por la música, dejando a un lado el punto romántico y trágico de la pieza, que lo tiene.  Yo te propongo que le pongas la historia que quieras, dejándote llevar a lo que te resuene.
OBJETIVO 2: Ya que estamos, ¿qué le pedirías a la luna?
PROTAGONISTAS: Antonín Dvořák y Lucia Popp, la soprano que le pone voz en esta interpretación.
CATEGORÍA: Música más allá de la música.

Cuando «suficiente» es más que suficiente

Si sigues el blog desde hace algún tiempo, seguro que sabes de sobras que creo que es nuestro deber dar lo mejor de nosotros mismos al mundo y conseguir ser nuestro yo más auténtico en el día de hoy, el que sea.

Pero quiero aclarar que no creo que ello signifique tener que obsesionarse con la perfección, el orden y la productividad; ni tampoco ser más (ni mejor) que el resto de los humanos; ni construir un imperio alrededor de uno; ni rendirle cuentas a nadie; ni comer todo macrobiótico y llevar a rajatabla la dieta de turno; ni levantarse a las 5 de la mañana para meditar y hacer yoga; ni tener un impacto en el mundo; ni ser generoso con todos los que interactúas (ni tan siquiera que nos gusten la mitad de ellos); ni tener una relación mega de estupenda con los parámetros del experto de moda; ni utilizar todas las apps habidas y por haber (que no son pocas) para optimizar nuestro día: ni que tengamos que ver las series de Netflix en versión original; ni, ya puestos, dejarnos la piel para que seamos recordados en los libros de historia por los siglos de los siglos.

¿Es eso una paradoja? ¿Podemos ser nuestras mejores versiones no siendo «lo más»?

Para mí, que cada vez más busco la simplicidad en mi vida, lo sería. Porque no sé tú, pero yo, lo que realmente quiero, es sentirme satisfecha cuando acaba el día, sabiéndome un poco mejor que ayer y ya está, en serio.

Me refiero a que si me diera por tener en cuenta las «expectativas» que parece que tiene el mundo sobre mí (las mismas que parece que tiene puestas en ti, no te creas, porque las han generalizado como si todos quisiéramos lo mismo) seguro segurísimo que me deprimiría y me estresaría y me sentiría un cero a la izquierda. Vamos, fijo.

Y cada vez tengo más afinado el radar de expectativas externas, aunque a veces se me cuele alguna.

El radar del que te hablo un artilugio especial para detectar ese ruido ambiental que nos «anima» continuamente a subirnos al carro de lo que sea, a producir sin parar y a no perdernos lo último de lo último (de lo más último). Es ese mismo ruido que nos apresura a que tengamos en cuenta millones de métricas para optimizar nuestras vidas, a que arriesguemos todo por un sueño y a vivir (y muuuuuy bien) de nuestra pasión (como si solo dependiese de nuestra voluntad) y, la que me da más rabia de todas, la que nos anima a salir de la zona de confort. Pero bueno, ¿desde cuándo es pecado disfrutar de la serenidad que produce el bienestar? (algo distinto es que no lo disfrutáramos, por supuesto, pero si uno está la mar de feliz en su zonita de control, ¿por qué meterse en un embrollo sin fin?)

Es más, ¿desde cuándo «más» es igual a «mejor»?

Lo que hoy te propongo es que te contentes con ser suficiente, que no «mediocre» (que para mí es fruto de la desidia), pero sí «suficiente» en tu pequeño mundo, en ese que creas a diario, el que sí que depende directamente de ti.

Porque, ¿alguna vez ye has preguntado si ese impacto ya no es grandioso en sí? ¿Y si, al final, es «lo suficiente» lo que te produce más alegría y tiempo para ser más tú y disfrutar más de la vida?

Últimamente no dejo de pensar en aquello del «Piensa globalmente, actúa localmente», dándome cuenta de que no es la primera vez que traslado la inquietud al blog, que será por algo.

Y, bueno, quizás está bien aceptar que no nos importe no ser «lo más» (aunque nos bombardeen de lo contrario) y empezar a contentarnos con nuestros cuerpos, incertidumbres, limitaciones e historias enfocándonos en ser un poquito mejor que ayer en un viable 1%, por ejemplo.

Está claro que lo que le mola al ego son los grandes titulares, aquellos que hacen eco a todo lo que es y consigue, pero hay algo más: nuestra contribución como lanzadores de estrellas. Y el mundo necesita a tantos como tu imaginación pueda alcanzar.

Descartada la opción de la heroicidad, me encanta esa idea de seguir lanzando estrellas. Y ya tengo ubicada la playa más cercana.

Apuntes finales

Voy terminando con una última reflexión: quizás lo «único» que tenemos que preguntarnos es si nuestras vidas y nuestros días están acordes a nuestros valores, aunque el día no haya sido «perfecto» y haya tenido sus defectillos, que ya están aceptados de antemano.

Con mi experimento aprendí al menos que si uno avanza confiado en la dirección de sus ensueños y acomete la vida que se ha imaginado para sí, hallará un éxito inesperado en sus horas comunes. Dejará atrás algunas cosas, cruzará una invisible frontera; unas leves nuevas, universales y más liberales, principiarán a regir por sí mismas dentro y alrededor de él; o las viejas leyes se expandirán y serán interpretadas en beneficio suyo en un sentido más generoso, y vivirá con el permiso de seres pertenecientes a un orden más elevado. En la proporción en que haga más sencilla su vida, le parecerán menos complicadas las leyes del  universo y la soledad no será soledad, ni la pobreza será pobreza, ni la debilidad será debilidad. Si uno ha construido castillos en el aire, su tarea no se perderá; porque ahí están bien edificados. Que tan solo ponga ahora los cimientos bajo esos castillos. (…)

¿Por qué hemos de tener una prisa tan grande en triunfar, y en empresas tan desesperadas? Si un hombre no marcha a igual paso que sus compañeros, puede que eso se deba a que escuche un tambor diferente. Que camine al ritmo de la música que oye, aunque sea lenta y remota. No importa que madure con la rapidez del manzano o del roble. ¿Cambiará él su primavera en estío? Si todavía no existe la coyuntura de las cosas para las que fuimos creados, ¿con qué realidad las reemplazaríamos? No debemos encallar en una realidad hueca. ¿Construiremos con trabajo un cielo de vidrio azul sobre nosotros, para que cuando esté hecho nos afanemos en contemplar, más lejos y arriba, el verdadero cielo etéreo, como si no existiera el anterior?

Por menguada que sea tu vida, enfréntala y vívela; no la esquives, ni le apliques rudos apelativos. Ella no es tan mala como tú. Parecerá más pobre cuanto más rico seas tú. Aun en el paraíso hallará faltas el crítico. Ama tu vida por pobre que sea. Puedes tener horas agradables, emocionantes y gloriosas hasta en un asilo. El sol poniente se refleja en las ventanas de un hospicio con igual brillo que en la mansión del hombre opulento; en la primavera, la nieve se funde ante su puerta tan pronto como en otras partes. Un alma reposada puede vivir ahí tan contenta y tener pensamientos tan alegres como en un palacio. Con frecuencia me parece que los pobres de la villa viven una vida más independiente que cualquier otra persona. Quizá son sencillamente lo bastante grandes para recibir sin desconfianza. Cultiva la pobreza como una hierba de jardín, como la salvia. ―Henry David Thoreau. Walden, la vida en los bosques.

Cuando acabe el día de hoy te invito a hacerte estas preguntas: ¿he facilitado el día de alguien? ¿He regalado una sonrisa? ¿He colaborado hoy un poquito en la conservación del medio ambiente? ¿He aprendido algo nuevo? ¿Me he apreciando más que ayer? ¿Cómo me siento en general? ¿Qué he aprendido hoy? ¿Cómo lo aplicaré mañana? Y honra ese momento: el de llevar una vida sencilla pero plena.

Y sí, será suficiente. Solo es cuestión de que así lo decidas.

Hércules «fue» Hércules…

… gracias a los retos que fue encontrándose en su vida y a su manera de enfrentarse a ellos, desde la acción (y por muy mito que sea).

Y vale la pena recordarlo, sobre todo cuando vivimos ese momento en el que el «escaqueo», la resistencia y el pataleo es lo que más nos apetece, las opciones más fáciles.

Porque ¿qué hubiera pasado si Hércules se hubiera «quedado en casa», viendo la vida pasar desde la parsimonia y haciéndose el loco con su realidad?

Como él, nosotros también necesitamos retos para ser mejores que ayer. Que vale, sí, podemos  contentarnos a estar ―y ser― tal cual, sin importarnos mucho el mundo ni el potencial de nuestras vidas, pero también sería una irresponsabilidad, que fijo que estamos aquí para dar lo mejor de nosotros, no para dar cancha a nuestro Complejo de Jonás.

Y no me refiero (para nada) a autoexigirnos más de la cuenta ni a ir por la vida dándole la mano a la temeridad, pero el mundo es de los valientes y es mucho más útil pensar que cuando la vida nos pone delante de un lo.que.sea es porque estamos sobradamente preparados para superarlo, transformarlo y aprender de ello,  aunque a veces nos cueste verlo, que todo requiere su tiempo, algo que tampoco debemos olvidar.

Más allá del mito, Epicteto nos aconseja aceptar cualquier situación con la calma y desde el compromiso con nuestra vida, pasando luego a la acción con valentía y con paciencia, mucha paciencia.

Pero también sin quedarnos quietos, no piense el león que nos hemos asustado y le demos una clara ventaja. (Ni de coña, vamos).

epicteto y la grandeza de hércules- DISCURSOS

OBJETIVO 1: Asumir tu próximo reto como parte del plan que la vida tiene para ti.
OBJETIVO 2: Identificado el reto, ponerle actitud, sonrisa, paciencia y valentía.
CATEGORÍA: Palabras que despiertan nuestro «yo» más herculiano.

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