Jugando a las damas turcas

¿Experiencia? ¿Suerte? ¿Estrategia? ¿Don? ¿Inspiración? ¿Fluidez divina?

Este destello lo protagonizan dos jugadores de damas turcas, pero no quiero contarte más.

Dale al play y pon atención:

Lo sé, zasca.

Un zasca que da para pensar mucho y que yo creo que se puede extrapolar a cualquier situación.

Para mí, es un recordatorio claro de que las grandes visiones (más allá de su excepcionalidad) requieren paciencia, temple, confianza absoluta y foco; aguantar el tipo cuando objetivamente parece que ya no hay esperanza y puede que te ataquen por todos lados, jactándose de ti.

La próxima vez que te parezca que vas acumulando derrotas, recuerda a «nuestro amigo turco» y cuándo realmente termina la partida.

¿Hace un partida de dama oyunu?

OBJETIVO 1: Reconocer (y tener en cuenta) que las primeras impresiones no siempre son las más acertadas.
OBJETIVO 2: Recordar respetar siempre al «contrincante» (a los que nos rodean, por mucho que puedan parecernos que nada pueden aportar).
CATEGORÍA: Zascas sorprendentes (y necesarios).

La bondad desinteresada y el destino de Jean

Sería genial poder hacer un día una disertación sobre Los miserables de Víctor Hugo, un libro que recuerdo con muchísimo cariño, sobre todo por lo mucho que me impactó. Pero tendría que leérmelo otra vez, que mucho ha llovido desde el verano de 1993.

De todos modos, revisando las notas que escribí sobre él en uno de mis cuadernos (uno de esos en los que iba recopilando «cosas importantes que me hacen pensar», volviera a ellas o no), he decidido recuperar un momento vital para la historia del protagonista: Jean Valjean, un flamante marginado social tras 19 años en prisión (por haber robado una hogaza de con la intención de, atención, alimentar a su familia).

Y ese momento es el destello de hoy, el momento en el que, en un acto de bondad desinteresada, Monseñor Bienvenido, que es puro amor (y sensatez), siembra en él la semilla de la misericordia y lo convierte en una otra persona (o despierta lo que realmente es después de años de confusión entre lo que es el mal y el bien).

Para ubicarte un poco, Monseñor Bienvenido acoge una noche a Valjean en su casa y, a la mañana siguiente, se dan cuenta en la casa que ha desaparecido la cubertería de plata, algo que no parece importar mucho al Monseñor.

Cuando ya iban a levantarse de la mesa, golpearon a la puerta.

Adelante ―dijo el obispo.

Se abrió con violencia la puerta. Un extraño grupo apareció en el umbral. Tres hombres traían a otro cogido del cuello. Los tres hombres eran gendarmes. El cuarto era Jean Valjean. Un cabo que parecía dirigir el grupo se dirigió al obispo haciendo el saludo militar.

―Monseñor… ―dijo.

Al oír esta palabra Jean Valjean, que estaba silencioso y parecía abatido, levantó estupefacto la cabeza.―¡Monseñor! ―murmuró―. ¡No es el cura!

―Silencio ―dijo un gendarme―. Es Su Ilustrísima el señor obispo.

Mientras tanto monseñor Bienvenido se había acercado a ellos.

―¡Ah, habéis regresado! ―dijo mirando a Jean Valjean―. Me alegro de veros. Os había dado también los candeleros, que son de plata, y os pueden valer también doscientos francos. ¿Por qué no los habéis llevado con vuestros cubiertos?

Jean Valjean abrió los ojos y miró al venerable obispo con una expresión que no podría pintar ninguna lengua humana.

―Monseñor ―dijo el cabo―. ¿Es verdad entonces lo que decía este hombre? Lo encontramos como si fuera huyendo, y lo hemos detenido. Tenía esos cubiertos…

―¿Y os ha dicho ―interrumpió sonriendo el obispo― que se los había dado un hombre, un sacerdote anciano en cuya casa había pasado la noche? Ya lo veo. Y lo habéis traído aquí.

―Entonces ―dijo el gendarme―, ¿podemos dejarlo libre?

―Sin duda ―dijo el obispo.

Los gendarmes soltaron a Jean Valjean, que retrocedió.

―¿Es verdad que me dejáis? ―dijo con voz casi inarticulada, y como si hablase en sueños.

―Sí; te dejamos, ¿no lo oyes? ―dijo el gendarme.

―Amigo mío ―dijo el obispo―, tomad vuestros candeleros antes de iros.

Y fue a la chimenea, cogió los dos candelabros de plata, y se los dio. Las dos mujeres lo miraban sin hablar una palabra, sin hacer un gesto, sin dirigir una mirada que pudiese
distraer al obispo.

Jean Valjean, temblando de pies a cabeza, tomó los candelabros con aire distraído.

Ahora ―dijo el obispo―, marcha en paz. Y, a propósito, cuando volváis, amigo mío, es inútil que paséis por el jardín. Podéis entrar y salir siempre por la puerta de la calle. Está cerrada solo con el picaporte noche y día.

Después volviéndose a los gendarmes, les dijo:

―Señores, pueden retirarse.

Los gendarmes abandonaron la casa.

Parecía que Jean Valjean iba a desmayarse.

El obispo se aproximó a él, y le dijo en voz baja:

―No olvidéis nunca que me habéis prometido emplear este dinero en haceros un hombre honrado.

Jean Valjean, que no recordaba haber prometido nada, lo miró alelado. El obispo continuó con solemnidad:

―Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libero de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios.

Y, bueno, si no has leído el libro (ni visto el espectáculo o la película), tienes que saber que Jean Valjean nunca olvidó las palabras del Monseñor y, más importante aun, obró desde ellas.

Nada, que su vida cambió para siempre y dudo mucho de que, sin ese encuentro, sus días hubieran sido lo mismo, que seguro que no.

La bondad es la cadena de oro que enlaza a la sociedad. —J.W. Von Goethe

Y hasta aquí un destello en honor al viejo Monseñor Bienvenido para que no olvidemos hasta qué punto una sonrisa y un acto bueno pueden regalar momentos de iluminación, oportunidades e incluso propiciar nuevos destinos.

OBJETIVO 1: Recordar la última vez que hiciste algo de forma desinteresada o alguien hizo por ti algo que te sorprendió de forma grata, que no te lo esperabas.
OBJETIVO 2: Arrancar una sonrisa a alguien durante esta semana. Y si no encuentras un por qué, recuerda que no hace falta ninguno.
AUTOR: Víctor Hugo.
CATEGORÍA: ¿Y por qué no?

Woodkid en quinteto de cuerda y piano

¿Por qué me quedo atrapada en el tiempo cada vez que me encuentro con el destello de hoy?

Pues, descartando que sea por la letra, que no lo es (hubiera sido un BINGO de los antológicos) creo que es por la suma de la versión del tema en sí (por su melodía, por la voz del intérprete) y su puesta en escena (y no solo porque sea en blanco y negro).

Además, si ya has visto más destellos músicales del blog sabrás que la letra es casi lo último en lo que me fijo de un tema porque primero tiene que llamarme la atención. De hecho, muchas veces me autoimpongo no enterarme de la letra, porque es cómo ir a comer y fastidiarla con el postre.

El destello es también  una invitación a no quedarte en los tópicos y las primeras impresiones, que no es menos importante.

Y ahora sí, dale al play y déjate sorprender por «ese joven tatuado de la barba supercuidada al que le gustan las cadenas grandes, llevar gorra y los pantalones que quedan por debajo las rodillas».

OBJETIVO 1: Disfrutar, sin más.
ARTISTA: Woodkid.
CATEGORÍA: Sorpresas que hacen que el día sea más agradable.

¡Ay la vida!

Desconozco la autoría de la fotografía, de quien es la reflexión y a quién se le ocurrió plasmarla en el muro, pero me siento agradecida a los tres por esa nota recordatorio, a lo pos-it callejero.

Es más, estoy por perderme por Perú (si la camiseta es una pista de su ubicación) y buscar el mensaje en cuestión para escribir un «Sí, ¡bailemos!» justo debajo, como sellando un compromiso a bailar aunque sea debajo de una lluvia tormentosa.

¿Acaso bailar no alienta nuestros espíritus? Bailar, disfrutar, tener una buena actitud…

De mientras, tengo la fotografía impresa y colgada en un corcho. Me va bien toparme con ella en esos días en que pienso que la vida es una estafa (y eso que nunca me la he imaginado como una gran fiesta) y que mejor hubiera sido seguir como polvo de estrellas.

Pero sí, bailemos.

bailemos

OBJETIVO 1: Preguntarte si bailas lo suficiente. Pero no solo eso, pregúntate también a ritmo de qué música bailas, que también influye.
CRÉDITOS: Desconocidos (pero sería un placer poder incorporar el nombre del fotógrafo y de aquél que decidió «gritar al mundo» su consejo. Si los sabes, ¿me los haces llegar? Gracias).
CATEGORÍA: A pesar de todo (y ya que estamos)