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Artículos y destellos para ser cada día mejor.

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Archivo de marzo 2020

Días de pizza margherita

Esta mañana me he levantado con una pregunta: ¿Y si replanteásemos nuestras vidas inspirándonos en una pizza?

Y es que, si lo piensas bien, la mejor pizza del mundo no necesita que lleve piña; ni tampoco setas silvestres, foie o tiras del pollo de corral al curry verde; le basta con el tomate, la mozzarella y unas hojas de albahaca.

Me quedó clarísimo hace unos años viendo un reportaje en la tele (de esos que te encuentras de casualidad, haciendo zapping) sobre la ciudad de Nápoles. En él, visitaban una pizzería centenaria que llamó toda mi atención.

De hecho, fíjate hasta qué punto me fascinó que me faltó tiempo para apuntar su nombre, por si un día viajaba a Nápoles, para tenerla en cuenta.

(Sí, lo sé, soy un poco freak).

Recuerdo que me pareció fascinante (todavía me lo parece) que el local, desde que abriera sus puertas, decidiera que únicamente iba a ofrecer dos tipos de pizza, una apuesta que, más de cien años después, sigue manteniendo.

Las pizzas que ofrece sos estas: la margherita (sí, la hermana «pobre» de esas listas interminables de pizzas cada vez más gourmet ― y que recordemos solo lleva tomate, queso y albahaca―) y la marinara (de tomate ajo, aceite y orégano).

Una oferta culinaria limitadísima, cierto, pero parece ser que más que suficiente para asegurar el éxito del negocio y la satisfacción del cliente, que es el otro apunte importante: en el reportaje ya no solo comentaban que el restaurante siempre estaba lleno, sino que los comensales salían afirmando que nunca habían comido mejores pizzas que esas.

Ojo, que no se nos escape el detalle: la pizza más básica convertida en la reina mundial de las pizzas…

Y puede que te parezca una tontada, lo acepto de mano, pero a mí me hizo pensar en 1/ la perfección de la simplicidad, en cómo unos pocos ingredientes básicos puede darte la clave para conseguir la mejor de las pizzas, 2/ que el leit motiv del pizzero del local es saber que te sirve una pizza deliciosa, sabiendo que aunque sea básica, no le falta de nada; y 3/ que suficiente oferta es suficiente, que lo demás, sobra.

Ya ves, así estoy, recordando el episodio pizza napolitana mientras viajar a Nápoles nos puede parecer ahora una utopía, pero creo que esta historia napolitana puede extrapolarse a nuestras vidas, que puede completarse a esa decisión de Hércules que ya vimos el otro día y que, además, podemos tomarla como excusa para hacer un pequeño experimento.

¿Hace?

Pizzeros de nuestras propias pizzas

Vale, pensemos que la vida es una pizza. En estos momentos, ¿qué lleva la tuya? ¿le sobra o le falta algo?

Espera, todavía no contestes, que (ya que estamos confinados y un poco aburridos) se me ha ocurrido una idea: vete a por bolígrafo y papel (o lápiz y cuaderno; o rotulador y cartulinita, no importa) y seguimos.

¿Todo listo?

Pues, ale, a desmelenarse.

1/ Dibuja tu masa de pizza (preferiblemente redonda).

2/ Opcionalmente, hazle ocho particiones a la pizza: puede que algunos ingredientes puedas agruparlos, aprovecha esas particiones como si fueran categorías (familia, trabajo, ocio….).

3/ Incorpora los ingredientes actuales [aquellas cosas a las que dedicas tiempo] y en ningún caso dejes intimidarte por la pizza margarita. Obviamente, escríbelos, que si no luego fijo que te costará identificar que significaba ese tipo de pepperoni dibujaste. Eso sí, si quieres, utiliza distintos colores, para diferenciarlos.

4/ Cuando tengas tu pizza, échale un vistazo ¿Hay muchos ingredientes? ¿Más bien pocos? ¿Crees que deberías cambiar alguno? ¿Identificas algunos que te hayan sido impuestos o sugeridos desde el exterior (familia, amigos, sociedad)? ¿Cuáles de ellos los has escogido realmente tú de forma consciente?

Plantéate si la «piña» va por defecto (porque siempre pensaste que la pizza la llevaba, porque así lo aprendiste o lo viste en tu entorno) o porque realmente quieres que la lleve…

La doctrina escéptica resulta terriblemente actual, y puede enseñarnos a paliar los duros –y siempre estrechos de miras– dogmatismos (filosóficos, políticos, religiosos, científicos) que planean sobre nuestra urbe de conocimientos. Una corriente que, además, aboga por la tranquilidad de ánimo y por aminorar nuestras pasiones en la medida de lo posible. El escéptico, a fin de cuentas, no es más que un médico del alma que nos ayuda a sobrevivir en medio de los dogmáticos, de aquellos que creen haber alcanzado, de una vez para siempre, la verdad.

Apuntes finales

Vaya por delante que a mí me encanta la pizza de berenjena y cebolla caramelizada; y también la de salmón (si puede ser con un huevo encima); y ni te cuento cómo que me gusta la de brócoli con queso de cabra (vamos, mucho), pero no se me ocurriría hacer la pizza con todo a la vez. Según el viernes (día de pizza en casa), pues me decanto por una o por otra.

La vida no es una pizza semanal, así que la decisión tiene mayores consecuencias. Pero creo que bien merece la pena escoger los ingredientes de una forma más consciente. Además, ya que estamos, también te propongo bautizarla (y, por supuesto, con un nombre bonito).

Como sugerencia final, te propongo tener una cita con tus valores principales, seguro que el hecho de identificarlos te ayuda una creación pizzera incluso más acorde a lo que eres hoy.

Pero la primera pregunta clave que tienes que responderte es si aceptas mi invitación…

CURIOSIDADES:

1/ el local es L’antica Pizzeria Da Michele. Todavía no he ido a Nápoles, pero lo he buscado y ahora tiene hasta web; y 2/ los pizzaioli napolitanos son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2017.

Y cuando menos lo esperábamos…

… bofetada, colleja y patada.

Estos días he pensado mucho, aunque asumo que tú también. Seguramente, además, todos nos hemos encontrado en algún momento del día llorado desde la impotencia y la incredulidad de ver cómo se desmoronaba un mundo que, más allá de gustarnos o no, creíamos (erróneamente) sólido e inquebrantable; un mundo que aceptábamos (con mayor o menor resignación) con la esperanza de que fuera el mejor de los mundos…

En esa tónica, parecía que 2020 iba a ser un año más; pero, patapam, entonces llegó el virus con corona para propiciarnos una ostia de la forma más abrupta, llevándose con él a los más vulnerables, desafiando nuestra salud (física y mental) y, de forma algo más indirecta, enviando muchas familias a la pobreza (en este caso culpa también de un sistema que, ya enfermo, nos estaba llevando a la deriva).

Ante un presente objetivamente desolador, se me acumulan las preguntas: ¿cómo será el mundo a partir de ahora? ¿Es que acaso podrá ser igual? ¿Qué sociedad nos espera después del covid19? ¿A qué retos (como personas individuales, como ciudadanos) deberemos enfrentarnos? ¿El sentimiento de fraternidad que hemos presenciado desde los balcones y desde la movilización (virtual), ha llegado para quedarse o, al final, será solo una anécdota emotiva sin recorrido? ¿Sabremos aprovechar la «coyuntura» para hacer una sociedad más agradable para todos? Cuando todo se apacigüe un poco, ¿plantearemos nuestros días recordando que los infortunios llegan sin avisar? Es que quizá sería lo suyo porque, ¿en qué momento decidimos que todo siempre va a mejor?

No tengo las respuestas (para serte sincera, no me atrevo ni a intuir algunas de ellas) y creo que los grandes desafíos están todavía por llegar (tal cual), pero sí que tengo claro que, en estos momentos de confusión, incertidumbre y (en algunos casos) de confinamiento (que si es el tuyo, voy a asumir que cumples a rajatabla), nuestro reto inmediato (tras asegurar que tenemos nuestras necesidades cubiertas, que esta es otra), es doble: por un lado, seguir encontrando un sentido a nuestras vidas (aunque solo sea uno); y, por el otro, reconectarnos más con lo que somos (o descubrirlo y explorar desde ahí) y no dejar que nos intoxiquen el alma, un reto incluso más importante que el primero, porque en estos momentos cabe la posibilidad de dejarnos llevar con mayor facilidad a la histeria y la desidia.

Quizá es un buen momento para poner un poco de orden en nuestras vidas y nuestras casas, para hacernos preguntas y responderlas, para replantearnos nuestros días y para que, sobre todo, la etapa poscovid-19 nos pille un poco más preparados, más resilientes y, ya que estamos conociéndonos mejor.

No es tarea fácil (ni para ti, ni para mí, quede claro). Las buenas intenciones requieren de muchísima voluntad y hoy en día, aun desde el encierro, hay demasiado estímulo y una oferta desmedida que nos seduce al consumo y al abandono, de ahí a que sea importante tomar las riendas.

De Twitter:

Tú, confinado: VENGA, VOY A LEER
Netflix: JAJAJAJAJAJAJA
―@PentotalSadico

¿Tiene el tweet razón? Pues sí, la tiene.

Y quien dice Netflix, dice cualquier plataforma de vídeo, la televisión, los periódicos online, las redes sociales… porque es muy fácil que caigamos en brazos del Dios Entretenimiento, cuando no en los de la Diosa Alarmista, a cual peor.

A ver, que el entretenimiento y la información tienen que estar en nuestras vidas, pero si decidimos cómo, cuándo y desde dónde, pues mejor.

Virtud o Vicio

¿Conoces este cuadro? ⤵⤵⤵⤵

36-Annibale_Carracci_-_la elección de hercules

Es de una de las muchas representaciones de La encrucijada de Hércules, un relato de Pródico de Ceos en el que el protagonista debe elegir entre el camino de la virtud o del vicio (encarnados por los personajes de Virtud y Placer/ Vicio ―o Voluptas, o incluso Felicidad/vicio, según la traducción―).

Iba a hacerte un resumen pero la historia es molona (y se lee fácil), así que he decidido darte la opción de que te la cuente Jenofante (recordando el tratado sobre Hércules de Pródico).

(Si no te apetece leerla, saltátela y te cuento qué acaba decidiendo Hércules después del relato).

Por cierto, la pintura es del período barroco y es de Annibale Carracci (y conste que he llegado a ella desde la fábula, para ilustrártela, es todo, ni soy tan culta ni algo parecido a cortocircuito nº5).

(…)
Se dice que Hércules, apenas salido de la infancia y entrado en la pubertad, se estaba quieto, indeciso sobre el camino a elegir. Es la edad en la que los jóvenes, no dependiendo ya más que de ellos mismos, muestran el camino que tomará su vida, el de la virtud o el del vicio.

Salieron entonces a su encuentro dos mujeres adultas. Una de ella, grata a la vista, libre en su forma de ser, ataviada decentemente, de mirada recatada, de gestos modestos y vestida de blanco. La otra, descubriendo el cuerpo de delicada piel, estaba tan acicalada de afeites que se veía más blanca y rosada de lo que era. Su bien erguida actitud aumentaba su natural altura: de mirada audaz, y ataviada para destacar su juventud en flor. Se observaba a sí misma siempre, atenta por ver si atraía las miradas ajenas, frecuentemente inclinada complacida ante su propia sombra.

Habiéndose ambas acercado a Hércules, la primera se le aproximó, pero la otra, deseosa de ser la primera, corrió hacia el joven y le habló en estos términos:

―Te veo, Hércules, indeciso del camino a tomar en la vida. Si haces de mi tu amiga, te conduciré por el camino más agradable y más cómodo, y nunca te faltará placer alguno, ni tu vida conocerá ninguna dificultad.

»En primer lugar, en vez de atender a la guerra y los negocios, no te ocuparás sino de elegir los manjares y los vinos que te resulten más agradables, de escoger los medios que más contribuyan al deleite de tus ojos, tus oídos, tu olfato y tu tacto, de escoger los muchachitos cuya relación te encante más, el lecho que sea más blando para tus sueños, en fin todos los medios para alcanzar una felicidad sin sombras.

»Si te inquietara la necesidad del dinero indispensable para hacer frente a estos gastos, no temas que hayas de lograrlo al precio de fatigas y dolores del cuerpo y del alma; antes, gozarás del fruto de los trabajos de otros, no privándote de nada de lo que pudieras sacar provecho. Gracias a mis relaciones, te conseguiré que puedas fácilmente obtener ventajas de todo tipo.

Hércules entonces le dijo: «Mujer, ¿cómo te llamas». Y ella dijo: «Mis amigos me llaman Felicidad, pero mis enemigos, para denigrarme, me llaman Vicio».

En el ínterin, se acercó la otra y le dijo:

―Vengo a ti, Hércules, informada ya sobre tus padres y de cómo eres, pues te he instruido desde que naciste. Así tengo esperanzas de que elegirás el camino que conduce a mí, que cumplirás la gran obra de las bellas y nobles acciones, y que me harás resplandecer ante los ojos de todos a fin de que, por los beneficios que otorgo, más me estimen y más me consideran.

»No te engañaré con que te inicies por el camino del placer, sino que, en cumplimiento de la ley impuesta por los dioses, te descubriré con toda verdad todas las cosas tal cual son. De lo que hay de bueno y bello, nada han acordado los dioses a los hombres sin esfuerzo y sin dedicación.

»En primer lugar, si quieres que los dioses te sean favorables, comienza por honrarlos. Si quieres que tus amigos te estimen, no les mezquines tus favores. Si deseas honra en la ciudad, séle útil. Si pretendes que toda la Hélade admire tu virtud, esfuérzate por ser bienvenido en ella. Si quieres que la tierra te de frutos en abundancia, cultívala. Si te propones enriquecerte en haciendas, cuida del ganado. Si buscas engrandecerte en la guerra, y quieres liberar a tus amigos y someter a tus enemigos, te conviene aprender el arte de la guerra de boca de los que saben, y buscar en la práctica cómo se hace la guerra.

»En fin, si quieres ser un hombre fuerte, es necesario que habitúes tu cuerpo a obedecer al espíritu, y entrenarlo con ejercicios a soportar el sudor de tu frente.

Entonces el Vicio retomando el diálogo le replicó, según Pródico:

―¿No ves, Hércules, cuán penoso y demorado es el camino a la felicidad por el que esta mujer quiere llevarte? Yo te conduciré a la felicidad por un camino fácil y breve.

Y la Virtud le replicó:

―¡Miserable!, ¿Qué alegría puedes prometes cuando no propones ninguno de los medios que puede conducir a ella? Ni siquiera esperas que nazca el deseo de las cosas buenas; antes de que aparezca, lo satisfaces por entero; haces comer antes del hambre, beber antes de la sed. Para manjares delicados, traes cocineros, para deliciosos vinos, los compras nuevos a alto precio, y, en pleno verano, corres sin resuello por todas partes en busca de la helada nieve; para reposar blandamente, no solo necesitas suaves frazadas, sino también lechos profundos.

»No buscas el reposo al acostarte, porque en realidad no has tenido nada que hacer. Antes de sentirlo, excitas por todos los medios el deseo de amor, y para ello no te privas de hacer uso de hembras y de varones. Enseñas a tus pupilos a gozar toda la noche del amor, y a dormir en las preciosas horas del día.

»Aunque eres una diosa inmortal, los demás dioses se alejan de ti, y los hombres honestos te tildan de infame. Lo que a todos nos resulta lo más agradable de oír, que los demás nos elogien, tú nunca lo has sentido; y lo que es más placentero de ver, tú nunca lo has visto: jamás has podido contemplar una digna obra producto de tus manos.

»¿Quién puede confiar en ti? ¿Quién te socorrería en tus necesidades? ¿Quién osaría cortejarte, si tus cortesanos, en su juventud son débiles, y en la vejez desvarían y pierden la sensatez? Estos adolescentes, en la flor de la edad, han sido educados sin conocer el esfuerzo; debilitados llegan con sufrimiento a la vejez; avergonzados de sí mismos, abrumados por la conciencia de lo que hubieran debido hacer, su juventud vuela de placer en placer, y su vejez no se ocupa de otra cosa que de apartar las molestias de la edad.

»Yo soy la que aconseja a los dioses y a las gentes de bien; ninguna hazaña de dioses o de hombres sería posible sin mi apoyo. Soy la más honrada entre los dioses y entre los hombres buenos de válidos elogios. Soy estimada socia de artesanos y artistas, fiel guardiana del hogar para los padres, auxiliar bienvenida de los servidores, buena colaboradora en el ejercicio de la paz, sólida aliada en las fatigas de la guerra, la mejor compañera de la amistad.

»Mis amigos gozan de paz, y del agradable placer del comer y beber, pues saben abstenerse de ellos hasta que les viene el apetito. Más dulce les es el sueño que a los ociosos que no se han fatigado; y no les molesta interrumpir el sueño, ni descuidan, por seguir durmiendo, sus obligaciones.

»Los jóvenes disfrutan de los elogios de los mayores, y los ancianos se complacen de las muestras de respeto de los jóvenes, y se recuerdan con satisfacción de su vida pasada, y aún al presente gozan del encanto de sus acciones. Gracias a mí, estos virtuosos son amados de los dioses, estimados de sus amigos, considerados por sus compatriotas. Y finalmente, llegada la hora fatal de la muerte, no bajan a la tumba olvidados y sin honor, sino que celebrados en himnos vive su memoria en los siglos futuros.

»¡Oh Hércules, hijo de padres excelentes! Tal es la vida por la cual, tomándote todo el trabajo necesario, te será concedido alcanzar la felicidad suprema.

Pródico prosiguió en estos términos el relato de la educación de Hércules por la Virtud, bien que sabía también adornar sus palabras con expresiones más excelentes que las mías.

― Jenofonte, recuerdos de Sócrates (Editorial Gredos)

Hércules se decanta por el camino quizá más difícil, pero indiscutiblemente más interesante.

Extrapolemos la historia de Hércules. Seamos como él. Decidámonos por la Virtud… aunque sea en pequeños pasos, aunque de vez en cuando, que ya sabemos que la tentación a la que nos enfrentamos es mayor a la de Hércules: Netflix sola ya es por sí mil veces Vicio, lo sé.

Apuntes finales

Ser conscientes de lo que consumimos y preguntarnos si cada decisión nos acerca a lo que somos o nos aleja de nuestra esencia; apostar por aquello que nutre nuestro alma y decir adiós a lo que no… Tan simple y tan complejo, pero toda una vida por delante para seguir perfeccionando esas deciecciones, ¿verdad?

Te invito a aprovechar estos días a hacerte preguntas y encontrar tus propias respuestas, poner atención en cómo te sientes, en qué piensas y, sobre todo, en cómo puedes prepararte y ajustarte para encarar esta nueva realidad con la que nos estamos encontrando.

Recordemos que no podremos controlar la nueva situación, pero sí nuestra actitud frente a ella.

Para terminar, retomo la encrucijada de Hércules y te hago un regalo musical: el final de la composición del libreto de Händel La elección de Hércules.

Es cierto que podría finalizar esta entrada de mil maneras distintas, pero no se me ocurre una que sea más inspiradora…

«Cultivos álmicos»

¿Tú lees los prólogos de los libros?

Yo, no siempre (y, si son largos, ni me lo planteo), pero reconozco que la mayoría de las veces no me arrepiento porque siempre me acaban ubicando mejor en una historia o en un planteamiento (si es un ensayo).

Al final, todo influye en todo: y las circunstancias y la perspectiva del autor pueden ayudarme a entender mejor el porqué de las páginas venideras, sobre todo en las novelas, que leo más bien pocas, también te lo digo.

Con el arte, la música o el cine me pasa algo distinto: no necesito información previa del autor y de su mundo. Si su obra me conmueve y me despierta «algo», y entonces me apetece saber más de él, ya indagaré sobre cómo eran sus días más adelante. Si no, le agradeceré su regalo sin más.

Supongo que es porque no busco lo mismo en una melodía o en una obra plástica (que sería emoción o verdad) que en un libro (acercarme a la complejidad del ser humano y sus relaciones con el otro para entendernos ―entenderme― un poquito más).

Y, bueno, de ahí también mi relación con el prólogo y esa duda de darle o no una oportunidad de que «me ilumine».

La sorpresa es cuando ya el prólogo es una joya de por sí y te regala reflexiones más allá de la historia que te presenta.

Hoy convierto en destello un pequeño fragmento del prólogo de Mercè Rodoreda para su libro Espejo roto (Mirall trencat en su versión original), un libro que leí (por obligación) en mi etapa estudiantil. No recuerdo nada del libro (más allá de que conocía las calles de las que hablaba), pero sí que me quedó grabado un comentario que la autora hace en el prólogo, el siguiente:

 

Este pequeña reflexión convertida en cita es un comentario de un parte del prólogo que Rodoreda dedica a la inocencia de sus personajes. Al final del destello encontrarás una parte más extensa en su versión castellana y también en su versión original, por si te apetece contextualizarla un poco más.

PROPUESTA: inspirándote en el comentario de Rodoreda, observa los cultivos de tu huerto álmico. Quizá es hora de arrancar los hierbajos y asegurar la buena cosecha… ¿Lo harás?
AUTORA: Mercè Rodoreda.
CATEGORÍA: Cuidemos nuestro huerto álmico.

 

(…) Pero soy una persona como las otras, cargada de personalidades y quizás la más marcada de mis múltiples personalidades es un tipo de inocencia que me hace sentir bien en el mundo donde me ha tocado de vivir.

Por deseo de escribir con una cierta idiosincrasia, he cultivado, desde hace muchos años –y esto es inocencia–, un tipo de pureza –que en el fondo debe querer decir ser uno mismo– con el mínimo de adulteraciones posible.

He cultivado el olvido de todo el que me ha parecido nocivo para mi alma y he cultivado la admiración por las cosas que me hacen un bien: por el quieto poder de las flores que me procuran momentos inefables, por la lenta paciencia de las piedras preciosas, máxima pureza de la tierra, por los grandes abismos de este cielo tan próximo y tan lejano a la vez, donde brillan y tiemblan todas las constelaciones.

Esto hace que haya pasado tiempos rudos y rudezas de todo tipo sin que todo ello me haya marcado profundamente.

No quiero decir que la maldad y la perversidad no me acongojen; suscribo la frase célebre: «Nada de lo que es humano me es extraño». Pero la inocencia, porque forma parte importante del mi temperamento, me desarma y me enamora. (…)

(…) Però sóc una persona com les altres, carregada de personalitats i potser la més marcada de les meves múltiples personalitats és una mena d’innocència que em fa sentir bé en el món on m’ha tocat de viure.

Per desig d’escriure amb una certa idiosincràsia, he cultivat, des de fa molts anys –i això és innocència–, una mena de puresa –que en el fons deu voler dir ser un mateix– amb el mínim d’adulteracions possible.

He cultivat l’oblit de tot el que m’ha semblat nociu per a la meva ànima i he cultivat l’admiració per les coses que em fan un bé: pel quiet poder de les flors que em procuren moments inefables, per la lenta paciència de les pedres precioses, màxima puresa de la terra, pels grans abismes d’aquest cel tan proper i tan llunyà alhora, on brillen i tremolen totes les constel·lacions.

Això fa que hagi passat temps rudes i rudeses de tota mena sense que tot plegat m’hagi marcat profundament.

No vull dir que la maldat i la perversitat m’acorin; subscric la frase cèlebre: “Res del que és humà no m’és estrany”. Però la innocència, perquè s’adiu amb una part important del meu temperament, em desarma i m’enamora. (…)

¿Y si en el desierto tocamos… flamenco?

¿Qué no podemos perder en estos tiempos convulsos llenos de incertidumbre?

La actitud, la buena actitud, la positiva, esa que nos hace agarrar el toro por los cuernos.

Y es que si ya en situaciones normales nos ayuda a sobrellevar nuestras vidas, en tesituras excepcionales, cuando tenemos que lidiar con retos mayores (incluso con aquellos que parecen sacados de una novela futurista), no nos queda otra que asegurar que la tenemos totalmente en forma y preparada para tomar decisiones conscientes; decisiones que nos impulsen a seguir avanzando cada día un poquito más, independientemente de si estamos confinados en nuestras casas o en medio del desierto, justamente uno de los protagonistas del destello de hoy.

En un terreno inhóspito, hallamos una mujer. No está desvalida ni demacrada, sino que avanza con paso firme, descalza (¡!) y con un vestidazo (en serio, que el estilismo quita el hipo). En el camino, divisamos un piano (que, encima, es de cola). Entonces, la mujer, que ya adivinamos pianista, se acerca a él, toma asiento en la banqueta, «deja» caer sus dedos en el teclado con la máxima intención y sucede la magia mientras cumple con su cometido: transformar el desasosiego en vitalidad, espabilarnos, hacernos sentir que somos capaces de superar cualquier reto.

Y no sé tú, pero yo, a eso, le llamo magia, poesía, un recordatorio de la importancia de la joie de vivre.

Antes de pasar al destello, déjame contarte que la pianista es Cristina Casale. La pieza, incluida en su proyecto Duende, es uno de los Estudios Flamencos para piano del compositor Abraham Espinosa.

Listo, ahora ya sí, dale al play y empápate de la actitud que desprende Cristina y de la poesía que nos regala cada fotograma del videoclip, que es una preciosidad.

Objetivo: recordar que una buena actitud es imprescindible en los momentos difíciles y que, si la buscamos, podemos encontrar «poesía» en cada momento (aunque al principio cueste, que nadie ha dicho que sea una tarea fácil, que no lo es). Además, no olvides que la rendición no es una opción.
Protagonistas: Cristina Casale, el desierto de Bárdenas Reales, el piano.
Créditos: Rosselló Films.
Categoría: ante lo malo, actitud, poesía, creatividad.

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