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Artículos y destellos para ser cada día mejor.

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Archivo de abril 2020

Conociendo a los Shtisel

Los hombres de la familia Shtisel fuman mucho, sobre todo el padre. De hecho, nunca había visto tantos personajes fumando sin parar; y no te digo ya nada en las producciones de los últimos años en los que, por corrección política (sin entrar en valorar motivaciones y consecuencias) el tabaco ha sido apartado de las pantallas.

Y sí, choca verlos fumar un cigarrillo tras otro, vaya que sí.

Pero los Shtisel viven y presentan un mundo, el suyo, en el que el tabaco está presente.

Que sí, que [el tabaco] es un vicio malo malísimo (y durante toda la serie no puedes dejar de pensar en los pobres pulmones de unos y otros), pero, por otra parte, me parece perfecto que los creadores de la historia no quieran obviar esa realidad, una realidad que coexiste con la de los zumos saludables y la comida macrobiótica; porque sí, los Shtisel (también) comen fatal.

Tampoco es que sean especialmente simpáticos. De hecho, al principio, incluso los puedes definir como una familia de insufribles, rudos y amargados; y, al menos en mi caso, empiezas a pensar que no vas a pasar del primer capítulo.

Pero, por lo que sea, te encuentras dándoles una segunda oportunidad.

Y entonces es cuando, sin darte cuenta, resulta que has ido sumando capítulos y (oh, sorpresa) te encuentras sumergido en esa magia que solo sucede cuando te desprendes de las primeras impresiones; aquella que aparece cuando miramos al otro sin prejuicios y que te permite, ya no llegar a conocerlo, sino a reconocerlo como lo que es y en lo que es.

En definitiva, los Shtisel te van atrapando de tal manera que, al final, solo puedes concluir que te han robado el corazón.

(«¿En serio, George?» ―Pues sí, en serio.)

Y es que dejando de lado el tema del tabaco y de la comida, y de los sentimientos encontrados que me suscita la historia y la comunidad, Shtisel es de lo mejorcito que he visto en mi vida.

Es más, desde Mandariinid no había contemplado tanta humanidad a través de la pantalla: ¿cómo no le iba a hacer un hueco en el blog?

Pinceladas y seguimos.

7 pinceladas:

  • Los Shtisel viven en Geula, un barrio de Jerusalén principalmente habitado por la comunidad jaredí, de los que ellos forman parte. (Los jaredíes pertenecen a la rama del judaísmo ortodoxo, desligados totalmente del judaísmo secular, y muy ligados a la Alajá, la Ley judía. Vamos, los conocidos como ultraortodoxos).
  • Son bilingües (hablan hebreo y yidish) y su cultura es la asquenazí.
  • La historia gira alrededor del rabino Shulem Shtisel, que es maestro de una escuela talmúdica, y de sus hijos, pero también de la vida de estos en sus propias casas y de la abuela de la familia, que vive en una residencia (y que, anoto, es tremenda).
  • Todo pasa dentro de la comunidad, y cualquier cosa ajena a ella se vive con tensión y nerviosismo. Y con ‘cosa ajena’ me refiero a cosas tan simplonas como una serie de televisión norteamericana o la celebración del Día de la Independencia de Israel.
  • Una de las tramas principales (o la que se presenta como tal) es la búsqueda de una esposa para Akiva, el hijo pequeño de Shulem, a través de un casamentero (como dicta sus costumbres) pero no es la única. En todo caso, todas ellas presentan situaciones de choque entre la tradición y los deseos propios de cada uno.
  • Es una serie costumbrista en un contexto complejo en el que la rigidez de la tradición no permite muchas libertades, pero en la que también se observan grietas. En todo caso, es el conjunto de las historias y de la complejidad de los personajes lo que, a mi modo de ver, la hace ser tan especial.
  • Acaba en la segunda temporada, pero podría haber una tercera, una cuarta, una quinta… No deja de ser un Gran Hermano (por aquello de entrar en la vida de otros, voyeurismo puro y duro) o una posible versión jaredí de la serie británica Eastenders, en emisión desde 1985 (y que seguí durante sus primeras temporadas como Gent del barri, siendo todavía niña).

Shtisel

[Nota previa: En todo momento voy a asumir que se nos presenta una visión honesta de la comunidad. Lo hago porque 1/ la serie no la demoniza pero tampoco la carameliza (vamos, para nada es un lavado de imagen para hacer frente a la burla extendida y caricaturizada del judío jaredí); y 2/ el creador de la serie proviene de una familia de la misma comunidad, por lo que su experiencia es directa].

Ya te he reconocido antes que mi primera impresión sobre los Shtisel fue mala. Vamos, que me cayeron mal, incluso rematadamente mal: representan una comunidad muy restrictiva (y eso de las restricciones «porque sí/ porque siempre ha sido así/ porque lo digo yo» no ha ido nunca mucho conmigo).

Pero podríamos decir que los Shtisel no dejan de ser supervivientes en el mundo que les ha tocado vivir y que juegan lo mejor que pueden las cartas que les han sido dadas.

¿Y no es exactamente lo que hacemos nosotros en nuestras vidas?

Yo creo que es ahí donde realmente te conquistan: en su humanidad; en sus torpezas, en sus dilemas, en sus malas decisiones, en sus pulsiones, en sus triquiñuelas, en su fragilidad, en sus medidas desesperadas.

La única diferencia real entre los Shtisel y nosotros (sin contar que son personajes de ficción, claro) no son los sentimientos ni nuestra esencia (que es, sin lugar a dudas, compartida), sino el marco de la Ley Judía, que impregna sus vidas de forma global y estricta.

Son sus costumbres, no sus luchas internas, las que nos pueden sorprender, pero no deja de ser un privilegio entrar en esa realidad paralela (pero real y coetánea) en la que se besa la mezuzá al entrar en un espacio (casa, habitación), en la que los matrimonios duermen en camas separadas, en la que el padre no puede asistir al parto de su hijo, en la que se bendice cada bebida y alimento que toman y en la que las citas concertadas entre posibles matrimonios son en la recepción de un hotel, por ejemplo.

Diferencias culturales aparte, Shtisel te recuerda la complejidad de la vida, las motivaciones detrás de una decisión (que puede ser fatal) y el papel que juegan nuestros sentimientos y el marco en el que vivimos.

A lo largo de los 24 capítulos hay momentos de alegría, dudas, retos, nostalgia, desilusión, dolor, rivalidad traición, valentía, impulsos, amor, incoherencias, rebeldía, autoritarismo, corrupción, esperanza… O sea, que los Shtisel reflejan la esencia de la vida misma, y de ahí la conexión.

Apuntes finales

El mundo que conocemos tiene multitud de submundos que (muchas veces) desconocemos. Y, para mí, la familia Shtisel es una invitación a conocer uno de ellos, aunque sea algo claustrofóbico y moralmente retador.

Está claro que vivir en una comunidad como la jaredí tiene (muchos) más retos y dificultades que hacerlo en otras culturas: matrimonios concertados, más de tres hijos por familia, la religión como única vía y motor de todo… Digamos que presenta una vida en la que ‘elegir’ es una utopía; y en la que, encima, solo los realmente eruditos tienen una mínima posibilidad de vivir mejor. El resto, ‘los normalitos’ (si lo piensas bien, la mayoría) parece que estén condenados a la penuria (y da mucha pena). Eso sí, unos y otros en el marco de una uniformidad en la que ser uno mismo ni se contempla ni es una posibilidad.

(Y aquí una pausa para recordar lo afortunados que somos).

Por lo que vemos, así de mano, la vida de los jaredíes no parece ni apetitosa ni deseable. De hecho, creo que el color que definiría mayoritariamente la vida de los Shtisel es el gris (aunque a veces tengan trazas de pasteles, o incluso de tonos vivaces).

Por otra parte, nada de lo que le rodea es bello, sino funcional sin más. ¿Cómo no va a influir la ausencia de la belleza en sus días? (me refiero a la belleza como ideal estético más allá de las modas y las tendencias, que en serio que todo es objetivamente feo y el conjunto carece de armonía).

La única razón por la que uno podría plantearse ‘convertirse’ (es un decir) sería si el hecho de ser jaredí supusiera un salto de integridad que supusiera ser una persona más coherente, serena, generosa y feliz (asumiendo los sacrificios y ya), pero es que de verdad que en ningún momento da la imagen de que sea así, más bien al contrario. Es que ni felices parecen, en serio: los Shtisel no dejan de ser simples mortales intentando poner orden en sus vidas que, encima, tienen que lidiar con una serie de normas y leyes estrictas que les condicionan incluso más.

Llena de historias humanas y mucha fragilidad, la serie es moralmente desafiante, cierto, pero también bella, emotiva, respetuosa y delicada.

Para mí, el gran regalo de Shtisel es una invitación a la empatía, incluso a la compasión; a desprendernos de estereotipos y caricaturas y a ver a los otros (¡y a nosotros mismos!) como lo que somos: seres humanos intentando hacer lo mejor desde lo que sabemos (o lo poco que sabemos) y desde lo que podemos y «nos dejan», es todo…

Posiblemente, el máximo logro es que la serie consiga que comprendas (que no significa que aplaudas, quede claro) según qué comportamiento o decisión; que todos, absolutamente todos, albergamos las mismas cuestiones y que somos, ya no solo nosotros (seres complejos de por sí), sino con la interacción de lo que nos rodea: nuestra familia, nuestra cultura, nuestra fe, etc.

Quizá la próxima vez que conozcamos a alguien, nos acercaremos de una forma más amable, recordando esas verdades eternas que nos unen a todos. Porque, ¿hasta qué punto somos conscientes de las circunstancias de los demás?

Es verdad que caer en el estereotipo, incluso en la caricaturización de alguien, es fácil, lo sé, pero ¿cuántas de esas veces damos un paso atrás y cuestionamos esas creencias? ¿En cuántas ocasiones damos una oportunidad de aprender, comprender y empatizar?

Al final, ya como dijo Ortega y Gasset, nuestras vidas dependen de las circunstancias.

Extra

Una de mis escenas favoritas está colgada en Youtube, así que he pensado que podría ser una buena manera de terminar la reseña.

Por cierto, la música de la serie es una delicia y las interpretaciones de los actores son magistrales.

Te dejo con Shumel, Akiva, Gita y parte de la prole.

[Nota: nosotros, en casa, la hemos visto en Netflix, pero también he visto que está en otras plataformas].

¿El destino en manos de una moneda?

Este relato está compilado bajo el título ¿Cambiar el destino? en el segundo tomo de La culpa es de la vaca.

¿Te imaginas si una moneda pudiera marcar nuestro destino? Dime: ¿cara o cruz?

El cuento

Durante una batalla, cierto general decidió atacar al adversario a sabiendas que su ejército era inferior en el número de efectivos. Pero estaba confiado en ganar, aun cuando sus hombres estaban llenos de dudas.

Camino a las operaciones, se detuvieron en una capilla.

Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo:

—Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Si es cruz, perderemos. El destino se revelará.

Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba en el suelo. Era cara.

Los soldados estaban tan contentos y tan confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria.

Después del combate, un teniente le dijo el general:

—Nadie puede cambiar el destino.

—Tal vez —contestó el general con una sonrisa de picardía mientras mostraba al teniente una moneda que tenía cara en ambos lados.

Algunas reflexiones

¿Objetivamente, actuó bien el general con sus soldados?

Si nos ajustamos a la ética, incluso a la moral, está claro que su actuación es más que cuestionable.

Al fin y al cabo, sabe que los está manipulando con una moneda trucada.

Y eso es feo, muy feo; y no solo porque, sobre la mesa, su ejercito tiene más difícil salir victorioso, que recordemos que son menos soldados, sino porque pone en juego sus vidas, no un puñado de garbanzos.

Pero me pregunto si opinaría lo mismo si supiera que el general no tiene una alternativa real a la batalla; porque quizá no, quizá su única opción sea atacar antes de ser atacado. ¿Y si es así? ¿Y si no le queda otra?

Reconozco que me despista un poco eso de la sonrisa de picardía, pero vamos a asumir que, como buen líder, sabe la importancia de mantener a su equipo motivado y confiado en sus posibilidades, más allá de que su seguridad en la victoria sea por un simple deseo o por una de esas grandes intuiciones que, a veces, nos vienen sin saber muy bien por qué.

Lo que tengo claro es que, entonces, ya no me parecería tan mal; incluso admitiría que fuera uno de esos supuestos en los que la picaresca debería poder ser alabada.

¿Sería eso una contradicción? ¿Se enfadaría Kant conmigo?

Pero vayamos al otro asunto importante del cuento, ese cambio de mentalidad de los soldados que pasan del temor a la confianza.

¿No es acaso ese cambio en su forma de pensar el motor principal para que realmente el éxito sea posible?

Yo creo que sí.

Y, si lo piensas bien, esa moneda es como las gafas de Popi, esa motivación extra que, a veces, necesitamos para dar ese paso que tanto nos cuesta a todos.

En este caso, los soldados tenían ese general pícaro para darles ese punto de confianza suplementaria con esa moneda de doble cara, pero en la vida no siempre tenemos un general así.

Es más, a veces, el general que tenemos al lado es el de la moneda chunga, la de la doble cruz.

O, lo que es peor todavía, que ese segundo general seamos nosotros mismos, que también puede ser.

En fin, que ya sabes que por aquí no soy de la liga happy flower, pero entre los dos generales y entre las dos monedas, prefiero el de la sonrisa pícara y la doble cara.

Para terminar, recordemos también la importancia de pensar en positivo y de ese niño que lo hizo, porque no pensó que no pudiera.

Kicy bidy i bokha

[Nota previa]: este destello musical lleva un preámbulo de esos que no son necesarios, pero que me apetece contar: además, así también satisfago la curiosidad de los que a veces me preguntáis cómo me topo con según qué.

Descubrí esta canción viendo Papusza (2013), una película sobre la poetisa polaca Bronisława Wajs, más conocida como Papusza, que significa ‘muñeca’ en romaní, su lengua materna.

Creo recordar que, aunque la historia es de lo más interesante (que lo es, #fueramalintepretaciones) la película me pareció bastante larga y lenta (vamos, que me resultó un ‘poco’ tostón); pero, por otra parte, también recuerdo cuánto me impactó su estética (poética), su fotografía (bellísima) y la música que la acompañaba (una auténtica gozada).

Y, equilicuá, este destello acoge una de las piezas de su fantástica banda sonora: una canción inspirada en un poema de la misma Papusza.

Pero la historia no acaba aquí porque, buscando por la red, di con otra versión que incluso me gustó más, así que, ante el dilema de cuál compartir contigo, decidí guardarme las dos y posponer la decisión hasta que llegara el momento de convertir toda la historia en destello.

Bueno, pues he sido incapaz de decantarme por una; por lo que sí, te traigo las dos, para que la elección sea tuya.

Así, de mano, ¿te decantarías más por satisfacer el oído o la vista?

Ambas están acompañadas de planos cinematográficos (de dos películas distintas sobre nuestra protagonista) y cuentan con la voz de la soprano polaca Elżbieta Towarnicka.

Entonces, ¿dónde está la diferencia?

La primera versión es la de la película de 2013 y tiene el plus de la belleza fotográfica que no tiene la segunda (clips de Los gitanos van al cielo, de 1976). Por otra parte, en Papusza, Towarnicka no canta sola; y aunque la voz de Kayah (que así se llama la otra cantante) también es portentosa, sigo prefiriendo el solo de la primera, me lleva «más lejos» (o «más dentro», según se mire).

La idea es que, con la poca información que tienes, te preguntes qué te transmite  la canción (aun sin entender la letra).

[El segundo vídeo tendrás que verlo directamente en YouTube, pero tienes el acceso al darle al play].

Objetivo 1: Identificar dónde te ha llevado la canción.  Asumiendo que lo más seguro es que no lleves muy bien eso del polaco y el romaní, ¿has sentido algo al escucharla o este tipo de propuestas musicales no van contigo? (A ver que también puede ser, faltaría más).

Objetivo 2: Saber sobre Papusza, si no la conocías ya.

Protagonistas: Papusza. Hay más información sobre ella (y sobre el pueblo gitano de la antigua Europa del Este) en el libro Enterradme de pie, de Isabel Fonseca):

Categoría: Personas que inspiran y te recuerdan que, aunque la vida no sea ideal, podemos encontrar grietas para vivirla un poco mejor.

Extra: la letra

Ya que estamos, como la canción parte de un poema, he pensado que podríamos centrarnos un poco en sus versos y en el contexto de Papusza, que los escribió desde su condición de mujer gitana durante la persecución de su pueblo por parte de la Alemania nazi.

No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero, aun conociendo los horrores de ese periodo, cuando los protagonistas tienen nombre, nos involucramos más en él, lo hacemos más nuestro.

En sus poemas plasma todas sus dificultades como mujer gitana, en su misma comunidad (su pueblo no aceptó demasiado bien su éxito y fue acallada)  y también en una época difícil en la que su misma etnia era perseguida con el objetivo de exterminarla.

Concretamente, en el poema que inspira la canción del destello de hoy, Papusza cristaliza penurias, hambrunas, tristeza  y una miseria permanente (al final del destello tienes la letra y su traducción), pero yo me quedo con dos momentos.

El primero se refiere a su (comprensible) extenuación.

¿El destino nunca descansará?

(Czy nigdy spocząć los nie pozwoli?)

El segundo, a la fe (en Dios) y a la esperanza de un futuro mejor.

Ah, gran Dios que está en el cielo
¡Sálvanos la vida, te lo suplicamos!

(Ach, wielki Boże, któryś jest w niebie,
Ratuj nam życie, błagamy Ciebie!)

¿Qué sería la vida en los momentos difíciles sin un ápice de esperanza? ¿Acaso la fe no mueve montañas?

Apuntes finales

La historia de Papusza tiene menos de un siglo y, aun así (al menos hasta ahora), nos podía parecer lejana, muy lejana…

Creo que por muchos años, de un modo u otro, y en mayor o menor medida, hemos comprado (sin cuestionarnos mucho) una era de acuario llena de unicornios y autopistas; pero ahora, la realidad nos demuestra que no hay nada nuevo bajo el sol: estupidez, maldad, infortunios y miseria siempre los hubo y los habrá. ¿Por qué iba a ser diferente en nuestro tiempo?

Y, bueno, de ahí la importancia (creo) de tener presente historias de vida y nuestro pasado, para matar unicornios que son simple ilusiones, no estrellas polares.

Saldremos de esta (y de muchas otras), claro que sí, (no vamos a ser la excepción en la historia de la Humanidad), pero quizá ahora, conscientes de que los que vivimos en el siglo XXI no somos ‘los escogidos’, creo que tenemos la oportunidad de redirigir nuestras vidas. Con actitud y confianza, sí, pero recordando que el camino de rosas no existe, y que, aceptándolo, podremos vivir mejor, con previsión para los siguientes baches. A nivel individual y como sociedad.

¿Lo haremos? O, esta vez, ¿tampoco aprendemos la lección?

El poema y la canción

La canción está compuesta por Jan Kanty Pawluśkiewicz inspirándose en el poema Lágrimas de sangre (lo que sufrimos por culpa de los alemanes en 1943 y 1944).

Primero encontrarás el poema; luego, la canción (aunque el inicio está en romaní y no he encontrado cómo traducirlo); y ya por último,  para terminar, la letra de la canción en su versión original (por si quieres hacer tú un intento de encontrar la traducción exacta, aunque yo creo que kicy bidy i  bokha significaría algo así como Cuánta miseria y cuántos hambrientos, buscando en un diccionario online de romaní).

¡Cuánta hambre! ¡Cuánta pobreza!
¡Tanta tristeza! ¡Caminos de menos!
¡Tantas piedras afiladas lastiman los pies!
¡Cuántas balas volaron cerca de nuestros oídos!

¡Cuánto barro! ¡Cuánta lluvia!
¡Cuántas lágrimas sangrientas todavía!
¡Cuánto cabello, cuántas trenzas!
¡Ramas cansadas en la noche de nuestras cabezas!

Ah, gran Dios, que estás en el cielo,
salva nuestras vidas, te lo suplicamos!
¡Pasamos por tanta pobreza y miseria!

¿El destino nunca nos permite descansar?

Como los pájaros en invierno o los peces,
que atrapó la barra de alguien,
así que el miedo nos atormenta, la mala suerte mata.

Deja que todos los gitanos
ven corriendo aquí cerca
en cuanto al bosque, donde una gran hoguera
y donde brilla todo el sol.

Deja que baje a mi canto a
todos los gitanos de todas partes,
Para escuchar mis palabras
Y respóndelos.

……………………………………………………………………………

En los bosques.

Sin agua, sin fuego – mucha hambre.
¿Dónde podían dormir los niños? Sin tiendas.
No podíamos encender fuego por la noche.

Durante el día, el humo podía alertar a los alemanes.
¿Cómo vivir con los niños en el frío invierno?
Todos están descalzos…

Cuando nos querían asesinar,
primero nos obligaron a trabajos forzados.

Un alemán vino a vernos.
— Tengo malas noticias para vosotros.
Quieren mataros esta noche.
No se lo digáis a nadie.

Yo también soy un Gitano moreno,
de vuestra sangre – es verdad.
Dios os ayude
en el negro bosque…

Habiendo dicho estas palabras,
él nos abrazó…

Durante dos o tres días sin comida.
Todos yendo a dormir hambrientos.
Incapaces de dormir,
mirando a las estrellas…
¡Dios, qué bonita es la vida!

Los alemanes no nos dejarán…
¡Ah, tú, mi pequeña estrella!
¡al amanecer que grande eres!
¡Ciega a los alemanes! ¡Confúndelos!
¡Llévalos por mal camino

para que los niños Judíos y Gitanos puedan vivir!
Cuando el gran invierno venga,
¿qué hará una mujer gitana con su niño pequeño?
¿Dónde encontrará ropa?
Toda se ha convertido en harapos.

Se quieren morir.

Nadie lo sabe, solo el cielo,
solo el río escucha nuestro lamento.

¿Cuyos ojos nos veían como enemigos?
¿Cuya boca nos maldijo?
No los escuches, Dios.

¡Escúchanos!

Una fría noche vino,
La vieja mujer Gitana cantó
Un cuento de hadas gitano:

El invierno dorado vendrá,
nieve, pequeña como las estrellas,
cubrirá la tierra, las manos.

Los ojos negros se congelarán,
los corazones morirán.
Tanta nieve caerá,
cubrirá el camino.

Solo se podía ver la Vía Láctea en el cielo.

En esa noche de helada
una hija pequeña se muere,
y en cuatro días
su madre la entierra en la nieve
cuatro pequeñas canciones.

Sol, sin ti,
ver como una pequeña gitana se muere de frío
en el gran bosque.

Una vez, en casa, la luna se detuvo en la ventana,
no me dejaba dormir. Alguien miraba hacia el interior.

Yo pregunté — ¡Quién está ahí?
— Abre la puerta, mi negra Gitana.

Vi a una hermosa joven Judía,
temblando de frío,
buscando comida.
Pobrecita, mi pequeña.
Le di pan, todo lo que tenía, una camisa.

Nos olvidamos de que no muy lejos
estaba la policía.

Pero no vendrían esa noche.

Todos los pájaros
rezan por nuestros hijos,
por eso la gente malvada, víboras, no los matarán.

¡Ah, destino!
¡Mi desafortunada suerte!

La nieve caía tan espesa como hojas,
nos cerraba el camino,
tal era la nieve, que enterró las ruedas de los carros.

Había que pisar una huella,
empujar los carros detrás de los caballos.

¡Cuánta miseria y hambre!
¡Cuánto dolor y camino!
¡Cuántas afiladas piedras se clavaron en los pies!
¡Cuántas balas silbaron cerca de nuestros oídos!

……………………………………………………………………………

Kicy bidy i bokha
Kicy tugi i droma
Kicy ostra bara wgine andre hera
Kicy, kicy nagły naśenys pasze kana

2x
Sare roma te naszen ki me
Syr ki weś, syr ki weś kaj jag isy baro
i khamitka duda pherdo
Pre odo mire gila
Te zdźan pes sare roma

Te zdźan pes sare roma
i te wychalon mire ława

Ile bied, ile głodów
Tyle smutków, dróg niemało
Tyle ostrych kamieni w stopy się wbijało
Ileż koło uszu kul nam przeleciało

2x
Niechaj wszyscy Cyganie przybiegną tu blisko
Jak do lasu, gdzie wielkie ognisko
I gdzie w światłach słonecznych wszystko
Niechaj na to moje śpiewanie
Wszyscy zewsząd zejdą się Cyganie

Wszyscy zewsząd zejdą się Cyganie
Żeby słów mych wysłuchać, odpowiedzieć na nie.

Adivina, adivinanza…

Hoy empiezo a piñón, sin preámbulos.

Mira la foto de a continuación. ¿Reconoces qué es?

39-rejilla-simpatica

Sí, es una rejilla de ventilación.

La cuestión es si has añadido o no un complemento a la descripción, algo que habrás hecho si, al observarla, de algún modo te ha llamado la atención.

Entonces, te habrá parecido una rejilla de ventilación…

  • curiosa;
  • simpática;
  • todo un puntazo;
  • o nostálgica, por ejemplo.

Si ha sido así, genial (y qué tiemblen los que jueguen alguna vez contigo al cluedo). En caso contrario, te invito a que la observes otra vez…

(…)

Entonces, ¿has podido ya darte cuenta de su peculiaridad?

A mí me parece un guiño genial, una de esas genialidades que hacen que el mundo sea más agradable, más simpático, incluso más divertido.

Y, no sé, me hace pensar en lo siguiente.

Primero, en todo lo que nos perdemos cuando no prestamos atención ni observamos de forma consciente lo que nos rodea. Y quién dice «lo que nos rodea», dice «qué y cómo pensamos y sentimos».

No es lo mismo ver que mirar, ni mirar que observar. ¿Vemos? ¿Miramos? ¿Observamos?

Y segundo, que no podemos desestimar nuestra capacidad para regalar momentos de inspiración, sosiego, ánimo.

¿Y si esa rejilla alegró el día a alguien que necesitaba una sonrisa en ese preciso momento de su vida?

Objetivo 1: Pone atención a las rejillas.

Objetivo 2: Cuando hagas algo, lo que sea, imprégnalo con una sonrisa que trascienda el momento y pueda llegar a alguien más allá de las coordenadas de tiempo y espacio.

Créditos: Metro de Estocolmo.

Categoría: Mensajes escondidos, pero no tanto.

«Es la vida una rueda con forma de noria»

Turno para un corto de Pixar protagonizado por un cordero.

Lo descubrí gracias a una amiga de esas estupendas que tengo (gracias, Lucy) y me lo guardé en el almacén para compartirlo un día en el blog.

Y ese día… es hoy.

Con el protagonista, recordaremos la importancia de confiar en nosotros mismos para no dejar que aquello que nos duele (que seguirá llegando, y de la forma más variada, así es la vida) no permita olvidar todo lo que somos ni tampoco lo bueno que nos rodea.

Pero la historia va más allá y también nos ayuda a reconocer: 1/ hasta qué punto tener un conejílope en nuestras vidas (o serlo en la vida de los demás) es imprescindible para seguir confiando (y brillando) más allá de unas circunstancias puntuales que pueden hacernos tambalear; y 2/ que no podemos dejar que las reacciones y opiniones ajenas nos alejen de lo que somos o podemos llegar a ser.

Vivamos lo que tengamos que aprender (desde todo ese rango de emociones que nos hace ser lo que somos, humanos) y arreando, que es gerundio.

… Y que el abrigo de lana no sea lo que nos hace feliz, ni que su falta ni los chismorreos nos arrastren al vacío.

A veces vas mal, a veces mejor;
si te sientes fatal mira a tu alrededor.
aún tienes un cuerpo y patas y pies,
la cabeza en su sitio, perfecto, ¿Lo ves?

Como siempre, la buena actitud lo es todo. NO LO OLVIDEMOS.

¿Brincamos? ¡Brinquemos!

Objetivo 1: Pensar si en algún momento de tu vida te sentiste especialmente esquilado. ¿Cómo lo viviste? ¿Tuviste algún conejílope a tu lado? Si es así, ¿por qué no le escribes algo bonito recordándole cuán importante fue para ti que así fuera? Puede parecerte una tontada o una ñoñez, pero seguro que le hace ilusión.

Objetivo 2: Recordar alguna ocasión en la que pudiste ser conejílope para alguien. Cuando la tengas, felicítate, ¿no?

Créditos: Pixar Animation Studios.

Categoría: De corderos brillantes y sabios conejílopes.

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