• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar al pie de página

mandalay

Artículos y destellos para ser cada día mejor.

  • artículos
  • destellos
  • nalia
  • boletín
  • contacto

Archivo de mayo 2020

Ranitas de hojalata

Este nuevo destello nos lo regala un anuncio televisivo.

Sí, un anuncio publicitario, herejía.

Pero lo cierto es que no es el primero que incorporo al blog*, ni supongo que vaya a ser el último.

Supongo que es porque creo que, algunas veces, la buena publicidad (la que, desde mi punto de vista, conecta con nosotros ―más allá de que consiga su objetivo de vendernos algo o no―) puede acercarse al arte; o incluso convertirse en él, directamente, por gracia divina.

¿O acaso despertar una emoción desde la contemplación… no es la finalidad del arte?

En el mundo audiovisual, tenemos películas que se consideran Obras Maestras y cortos cinematográficos magníficos (no te pierdas esta joya); pero unas y otros necesitan bastantes minutos que el destello de hoy.

Y es que en poco menos de un minuto, el anuncio te presenta una historia que conmueve, dibuja una sonrisa y hace pensar.

¿No me crees? Dale al play.

Vale, sí, podríamos quedarnos con la pequeña manipulación de los niños creando una nueva necesidad y preguntarnos entonces si el fin justifica los medios (y, ya que estamos, ponernos a debatir sobre la libertad última del hombre), pero yo me quedo con el poder del ingenio y de cómo éste puede encontrar maneras de mejorar la vida, ya sea de uno mismo o de un tercero.

Que los tenderos vayan a vender las ranitas o no ya se verá; pero, fíjate, puede que sean ellos mismos los que, incluso de la manera más inocente, creyendo que son tendencia, conviertan las ranitas en un exitazo y que todo el mundo ande feliz con sus ranitas de hojalata.

Objetivo 1: Sonreír.

Objetivo 2: Pensar qué podrías hacer hoy tú para mejorar la vida de un tercero.

Créditos: La agencia publicitaria detrás del anuncio.

Categoría: Publicidad memorable y que regala historias, no solo slogans.

* Por si te apetece: puedes recuperar este destello de un anuncio que nos recuerda el valor de la generosidad y éste otro, sobre la importancia de tener un porqué detrás de cada decisión, la principal motivación para el éxito.

Mundo gatuno 0-2-7

Personalmente me parece que tiene un poco de traca que el mundo gatuno vaya a tener un rinconcito en este blog.

Bueno, un poco o mucho.

Aunque, dándole una vuelta, quizá es justamente por eso, porque es de traca, que tiene todo el sentido del mundo darle protagonismo a ellos: a los gatos, a MIS gatos; una posibilidad que, hasta ahora, era, francamente, inimaginable.

Ale, pues, a pensar sobre ello, sobre aquellos «imposibles» que, al final, no lo son tanto.

Y, sin más preámbulos, paso ya a la anécdota.

0-CERO

En casa nunca hemos sido de gatos. Vamos, que (hasta ahora) no nos daban más. De hecho, incluso yo personalmente les tenía algo de tirria, aunque justificada (por un tema alérgico).

Puestos a confesar, a mí, los animales, en general, pues ni fu ni fa, la verdad.

Que sí, que son muy bonitos, especialmente los mamíferos, pero, por lo que sea, siempre preferí las piedras y los minerales (tengo muchas de las primeras y alguno de los segundos; aunque, si por mí fuera, tendría muchísimos más de ambos: no sé, como que me «aportan» serenidad).

En definitiva, que no siento especialmente un amor incondicional y espontáneo [hacia los animales] que me haga querer avasallarlos de besos y abrazarlos para fundirme con ellos… Los respeto (¡faltaría más!), e incluso algunos me producen ternura o simpatía, pero ya está.

Tampoco nunca entendí (mucho) el mundo de las mascotas ni la motivación detrás de la pregunta «¿y tú, eres más de gatos o de perros?»; una pregunta de esas de romper el hielo a la que mi respuesta (verbalizada o no) siempre sería «pues, ni unos ni de otros, más bien me considero de piedras», lo que me lleva a recordar una conversación con alguien que estaba loco por los caracoles, sus animales predilectos.

De todos modos, conste que el hecho que prefiera la naturaleza muerta, no quita que fantaseara (y quizá siga fantaseando) en haber querido un chimpancé domesticado (de pequeña vi Proyecto-X y me pareció que podía ser divertido tener uno por casa), agenciarme un burro (luego te cuento*), un caballo (otra especie a la que le tengo alergia, y de las feas) o, desde que vivo en el monte, un par de ovejas, una cabra y media docena de gallinas (que todo se andará, luego te cuento II*, aunque este pack final sea más por interés que por un acto de amor con cimientos franciscanos).

Sea como sea, que en mi vida tuvieran sitio lo de los gatos estaba fuera de toda previsión.

2-DOS

A mediados del pasado octubre (no apunté el día, error; a mi amiga Marta Dea no se le hubiera pasado) aparecieron dos gatitos (jóvenes) por casa, bueno por el prado de la casa (vivo en una aldea de esas enanas perdidas en el monte).

La historia es que iban viniendo cada vez más y, aunque eran de lo más esquivos, parecía que valoraban la posibilidad de acoplarse a nosotros. No sé, ¿cosas de gato?

La primera decisión fue ir dejándoles algo de comida y agua; la segunda, montarles una camita en el desván (total, ya dormían ahí); la tercera, comprarles cuencos y pienso especial… Y así hasta decidir (asumiendo que el destino había decidido cruzar la vida de los cuatro) que en vez de Gata y Gato los llamaríamos Persia y Kirguis, que por cierto, aunque son muy distintos, parece ser que son hermanos (luego ya fuimos descubriendo su pasado).

El resto ya es historia y siete meses después son de la familia, aunque digamos que ésta sería del tipo desapegada. Me refiero a que convivimos todos juntos, compartiendo algunos momentos; pero sin agobiarnos mucho, que también, es lo suyo.

Yo diría que unos y otros nos hemos acostumbrado a la presencia de los demás y que, de una u otra forma, (¿a todos?) nos gusta formar parte de esta familia (por accidente) que hemos creado. Lo que sí que te puedo decir es que en casa nos hemos reído un montón con ellos y que reconozco que mola mucho ir hasta la fuente y que uno de ellos, cuando no los dos, te acompañe sin más y porque sí (aunque sea porque esté aburrido, que también puede ser).

Vamos, que dan vidilla.

A todo esto, adelantándome a tu (probable) curiosidad, mi alergia fue disminuyendo hasta que parecía desaparecer; pero ya veremos, que, ahora que se les empieza a caer el pelo y no sé yo, no sé yo….

…

Nos plantamos ahora a finales de febrero (o así), cuando parece que tenemos a la gata toda excitada.

En un principio, no parece ser época de celo y además nos dice un vecino del pueblo (uno que viene de vez en cuando) que las gatas jóvenes como Persia todavía no se embarazan.

Pues vale, y nos olvidamos del tema.

Además, recordemos que el único gato del pueblo es Kirguis; y, vamos, cómo que no, que siempre se han respetado mucho (¿Acabo de suponer que la moral gatuna existe? En fin, no tengo remedio).

Y no, no pedimos segundas opiniones, ni tampoco se nos ocurrió tirar de Google.

En todo caso, sin más gatos por la zona (jamás vimos a ningún otro), ¿dónde estaba el problema? Nada, solo teníamos que calmar un poco a Persia y esperar la vuelta a la normalidad.

Ese era nuestro guión, pero el Universo tenía el suyo propio y una mañana divisamos en el camino un gato enorme con cara de malote al que llamaremos Gascón (porque era un gatón) y un interés en él por parte de nuestra pequeña Persia.

Vale, la suerte estaba echada, y tampoco le dimos dar mucha importancia.

Haciendo un pequeño salto en el tiempo, a finales de marzo/ principios de abril me dice Ramón: «creo que tenemos a Persia embarazada, vete haciéndote a la idea» Y yo: «no, hombre, que nos dijo Elvecín que era imposible. Además, la gata siempre ha estado regordeta, que ya sabes que es muy fartona…» (que lo es, no puedes imaginarte cómo le gusta comer y con que ansias lo hace).

Pero fueron pasando los días (y luego las semanas) y la panza de Persia iba creciendo y creciendo para disipar cualquier duda.

Al final, asumiendo la nueva realidad, nos armamos de valor (es un decir) y buscamos en Internet cuántos gatos podía tener de una sentada.

Y, bueno, la previsión tampoco era tan desorbitada porque leímos que la camada de una gata primeriza no solía ser mayor de tres gatos, que tampoco nos pareció una barbaridad; y menos contando con la posibilidad de que no siempre sobreviven todos…

7-SIETE

El sábado 25 de abril (este día sí que lo anoté) Persia fue mamá de cinco gatitos, aunque hasta el martes pensamos que la camada había sido de cuatro (que el quinto apareciera luego sigue siendo un misterio, no lo entendemos).

La primera sorpresa fue ese récord de Persia. La segunda (aunque quizá es natural en el mundo gatuno), lo mal que se tomó Kirguis su nueva condición de tío, que rehusaba a su hermana y únicamente quería estar con nosotros, que fue la auténtica sorpresa de toda la situación (porque de normal es de lo más independiente y siempre va a su bola).

Kirguis tampoco fue nunca mucho de maullar, pero durante una semana, mañana tras mañana, a nada que oía movimiento en la casa, reclamaba que le dejáramos pasar. Y no que nos entusiasmara mucho la idea (por si luego se acostumbraba, que no fue así), pero cedimos a su demanda, que el pobre lo estaba pasando fatal (o eso nos parecía a nosotros, mientras nos creímos imprescindibles en su vida y salvadores de su malestar).

Lo curioso es que quizá esa primera semana (que es lo que le duró el enfado con la hermana) fueron los mejores días, los más divertidos y, definitivamente, los más mimosos de Kirguis, que necesitó exactamente siete días para aceptar la nueva situación, reconciliarse con Persia y convertirse en el mejor tío del mundo, que así fue. Por decirte que, desde entonces, cuida los gatitos mejor que ella.

Y en eso estamos ahora, viendo a los peques crecer. De momento, ya no parecen ratitas (ahora están monísimos), han abierto los ojos y nos da la sensación de que están todo ansiosos por salir a explorar el mundo.

Ya falta menos, y promete ser todo un espectáculo.

Apuntes finales

No voy a convertirme ahora en una abanderada del mundo gatuno ni a empezar a comprarme cosas con dibujos de gato (hasta ahí no creo que llegue nunca); tampoco me planteo crear un IG de Persia, Kirguis y los demás para compartir sus aventuras (y yo montarme historias paralelas de indios y vaqueros), pero reconozco que en casa hemos vivido esta invasión gatuna como un verdadero puntazo. Incluso más que los días que una osa y su osezna asaltaron nuestro cerezal (será por anécdotas…).

Pero, más allá de confirmar (por experiencia propia, que es la que es necesaria) que [los gatos] hacen compañía, y que son divertidos, curiosos y que incluso pueden hacerte sentir especial (que lo hacen), la invasión gatuna 2020 nos ha recordado (una vez más, que saber lo sabemos, pero a veces lo olvidamos) que hay cosas en la vida que no puedes suponer ni planear, que algunos de los mejores momentos son inesperados y que adaptarse, conciliar, aceptar, reír y compartir (aunque sea con un gato) es lo que da sentido a la existencia.

Y no es poco.

Notas extras sobre la fauna del «luego te cuento»:

*Recuerdo que en Sary-Mogul había un montón de burros y pensé que tenían su punto, que estaban infravalorados y que quizá estaría buen tener uno. Además, ayudaría a desbrozar el prado y no habría mucho que pensar en su nombre porque la decisión estaría entre Platero (por supuesto) y Dante, porque siempre me ha sonado precioso.

**Lo de las ovejas es porque parece ser que son grandes desbrozadoras naturales (aunque son incompatibles con el burro: o él o ellas), la cabra (por su leche, pero tengo que investigar un poco más sus números de productividad) y las gallinas, por sus huevos, porque en casa somos muy fans de las tortillas y del huevo en todas sus formas: frito, escaldado, poché, no importa.

ACTUALIZACIÓN (septiembre 2020)

Recapitulando un poco, en abril Persia fue mamá y bla bla bla y Kirguis fue el mejor tío del mundo, aunque al principio tuvieron una crisis familiar fuerte, robo de gatín incluido…

Pero es que quizá no, quizá no fue el mejor tío ni hubo tal robo.

Pero no nos adelantemos, no nos adelantemos…

Durante los primeros dos meses Murias se convirtió en un festival del humor y una jartada de risas, sobre todo ver a esos pequeños dar sus primeros pasos.

Luego ya vinieron los sustos, porque a veces alguno de ellos desaparecía un par de días y ya nos temíamos lo peor.

A ver, que vivimos en el monte; y en el monte hay mucho bicho grande.

Pero estos gatos nuestros tienen espíritu de león y una gran orientación, así que marchaban y volvían, marchaban y volvían, marchaban y volvían… Y así.

Entonces llegó agosto y unos y otros empezaron a hacer excursiones más largas, no siempre juntos, así que cada día era un misterio de quién iba a estar y quién no.

Incluso parecía que hacían turnos.

―¿Están?
―Solo Amir.

―¿Quién hay hoy?
―Fauda y Jasón.

Todo muy raro y también muy de telenovela, porque cuando coincidían pasaban tanto tiempo queriéndose y jugando entre ellos como peleándose «a lo gladiator».

Digamos que el ambiente estaba tenso, muy tenso.

Y en ese panorama Kirguis desapareció dos semanas. Puede que incluso tres, no sé.

La historia es que cuando volvió parecía la nueva versión de la boa de El Principito, la que se había comido un elefante, ¿te acuerdas?

Y es que una de dos: o se había tragado a un animal en-te-ro o Kirguis estaba gestando gatinos, opción que descartamos porque, como sabemos todos desde la escuela, los machos no pueden quedarse embarazados.

¿Y si fuera una gata? No, imposible.

¿Quizá hermafrodita? Ah, pues puede, que Google dice que existen…

Pero espera, ¿y si se lo llevaron los alienígenas con ánimo de experimentar y ahora estaba gestando unos bichitos verdes que luego se convertirían en gatialienígenas?

Total, que cuando ya nuestras cabezas estaban a punto a explotar, llega Kike McGyver, del que también te he hablado en el blog, cuando lo de la chimenea, y nos ilumina.

―Es época de comer topos, de ahí la panza.
―Ahhhh. Pues será eso, se ha fartado de topos, todo en orden.

Sí, todo en orden menos lo más importante, el sentido crítico porque, oh, sorpresa, desde el 8 de septiembre somos tres más.

Bueno, «tres más» tampoco, porque Kirguis ha echado al resto, al menos de momento.

Aunque, obviamente,, lo relevante no es ese número gatuno que siempre baila, sino que Kirguis no es macho, sino hembra.

Y ante tal giro de guión no nos queda otra que replantear varios juicios emitidos en el pasado y dar por zanjado el expediente-x que abrimos con el misterio del quinto gatito. Vamos, que no hubo secuestro entre gatos, solo el mío que arrebató al bebé de Kirguis y se lo dio a Persia.

En fin, sin comentarios.

No descarto que te parezca una historia «tonta», pero a mí me ha hecho pensar un (largo) rato sobre la importancia de tener un pensamiento crítico «en forma» y cuestionarnos todo lo que se nos dice: no desde la desconfianza de que el mundo está en nuestra contra y todos aquellos con los que interactuamos nos la quieren colar (y así poder manipularnos y convertirnos luego en simples esclavos del Nuevo Orden Mundial), exista esa posibilidad o no, sino que desde la ignorancia también se puede crear una realidad paralela desde una premisa falsa o incierta…. y llegar a liarla parda.

A ver, que esto es una tontada máxima sin mayores consecuencias pero extrapolemos la anécdota a situaciones que puedan ser más importantes o que puedan tener mayores consecuencias…

¿A qué ya no nos parece tan «tontada»?

Mis pos-it’s de hoy:

No consideres como certeza absoluta nada de lo que te digan, leas o incluso veas en pantalla.

1 La verdad puede ser una falsa creencia, seguramente impuesta.
2 Ante la duda, fíate solo de tu experiencia. No quieras ver algo solo porque te han dicho que es así.
3 Puede que las conspiraciones existan, claro que sí, pero no te flipes demasiado y cuando veas que se te va la pinza, ten presente el Principio de la navaja de Ockham, la mayoría de las veces te será suficiente.
4 Si tienes que ponerle un nombre a un gato y no tienes muy claro si es hembra o macho, nombre neutro y aciertas seguro.

Que, por cierto, no veas la suerte de que a Kirguis le llamáramos Kirguis y no Hércules.

Todavía me cuesta que sea ‘ella’ y no ‘él’, pero si encima le hubiéramos tenido que cambiar el nombre…

En definitiva, todo este rollo para el mensaje de hoy:

#noperdamoselsentidocritico.

Los peldaños de la vida

No sé si habrás leído la entrada sobre esos adioses tan necesarios que, a veces, olvidamos dar.

Si es así, este destello podría ser la guinda y el complemento perfecto.

Si no, da igual, porque este poema que me ha descubierto mi querida y admirada Isabel (vielen danke, ma belle) es la esencia de todo a lo que me refería; y, encima, inspira.

A modo wikipedia básica, el poema se encuentra «escondido» en las páginas de El juego de los abalorios, una novela de ciencia ficción de Herman Hesse que transcurre en el siglo XXV en Castalia, un territorio creado exclusivamente para el ejercicio intelectual.

Presentada a modo de crónica, la historia se centra en Joseph Knecht y en cómo éste imagina que hubiera podido ser su vida si hubiera nacido en otro momento y en un lugar distinto dónde no todo girara alrededor de teorías, debates y «lo previsible»; un lugar en el que, libremente, se pudiera experimentar, crear y buscar la novedad.

En la última parte de la novela, hay una recopilación de los poemas de Knecht; y uno de ellos, como ya habrás adivinado, es el protagonista del destello.

Pero antes encontrarás una nota previa aclaratoria sobre su traducción. No es necesaria que la leas, pero es parte de la historia de este destello y de la traducción de las palabras de Hesse en la pluma de Knecht.

Pues listo, tú decides, aunque me puede la intriga ¿leerás la nota o directamente irás al poema?

[Nota previa]: Isabel me envió el poema por correo en su versión original (alemán), haciendo una foto a la página del libro, algo que me pareció «lo más» teniendo en cuenta que sabe que mi nivel de alemán es del tipo danke-bite-verboten-kartoffeln (y subenempujenestrujenbajen, el autobús de la adivinanza); pero claro, muy sabia ella, asumía que me espabilaría, que así lo hice.

Te cuento esto porque, antes de encontrar el libro electrónico en español, me apañé con el traductor y el buscador de Google, encontrándome con traducciones bastantes dispares. Pero, atención, porque, sorprendentemente, la menos estupenda es la del ebook, que además titula el poema ‘Grados’, cuando una traducción de ‘Stufen’, que así se titula en el original, como ‘Escalones’ (la que encontré en los buscadores online) o ‘Peldaños’ (como me lo presentó Isabel), me parece, leyendo sus versos, muchísimo más ajustada.

Total, que todo este rollo de la nota es para que sepas que 1/ el texto que te comparto es un cóctel libre de las traducciones disponibles (en todas ellas había algo que me chirriaba y me negaba a transcribirlo tal cual, sabiendo que había otras variantes y, por tanto, flexibilidad ―y no que el texto sea mejor que los otros, pero al menos no tengo que leer «ea»―); y 2/ en caso de leer el poema en otro lugar, aclararte de antemano la posible confusión que pueda crear su traducción.

el-juego-de-los-abalorios-hesse-escalones-poema

El poema nos recuerda que la vida es tan solo un proceso, una suma de etapas que debemos ir transcurriendo, sin miedo, aceptando que cada inicio tiene un final para estar mejor preparados cuando suceda.

Tan sencillo, pero, a veces, tan difícil, ¿verdad?

El poema trata también la realidad de la muerte física, pero recordemos que, en la vida, hay multitud de nacimientos y transiciones de otro tipo que, aun así, merecen nuestra atención.

Como última curiosidad, stufen tiene doble significado: peldaños y etapas, por lo que todavía es más mágico.

Objetivo 1: Seguir aceptando que todo acaba y que incluso la ‘normalidad’ es pasajera, por lo que mejor no apegarse a ella.

Objetivo 2: (Si no lo conocías ya) descubrir un nuevo libro de Hesse, al que quizás conoces por Siddharta o El lobo estepario, sus obras más conocidas, o por Demian, que sigue siendo mi favorita (quizá por el momento en el que lo leí, que me ha marcado más que las demás). De todos modos, El libro de los abalorios, por la manera cómo reta nuestras mentes, me parece imprescindible. Es más, en estos momentos, la historia que plantea no me parece ni descabellada, y da mucho para pensar.

Objetivo 3: Pues, mira, ampliar el vocabulario de alemán y sumarle una nueva palabra, aunque sea la primera: stufen.

Categoría: Joyitas que esconden los libros, incluso en los anexos.

De transiciones y despedidas

Somos animales de costumbres, así que, como tú, también llevo semanas preguntándome (algo preocupada, pero sin agobiarme) cómo apañaremos los «grandes cambios» que, parece ser, iremos viviendo en los próximos tiempos.

Ya no solo porque cualquier previsión puede quedarse en nada, que también, sino especialmente porque no podemos intuirlos del todo: y no porque seamos tontos, sino porque de la misa sabemos, ya no la mitad (que ojalá), sino un octavo (como mucho).

Así pues, teniendo en cuenta que, a más información sesgada (que es la que nos llega), más posibilidades de confusión y error tenemos (obvio, es contenido de P3 de lógica), creo que no, que la situación nos pone en un aprieto importante, y que estamos (bastante) vendidos, aunque hayamos encontrado nuestra pizza margherita.

Normal que nos pese la incertidumbre; normaaaal, porque, ¿y si nos falta uno de esos ingredientes esenciales? ¿Y si descubrimos que no somos ni tan resilientes ni tan positivos ni tan generosos como nos creíamos ser? ¿Y si, al final, 1984 queda en un simple chiste comparado con lo que nos espera?… ¿Dónde quedará esa libertad a la que estábamos acostumbrados (y dábamos por garantizada)? ¿Cómo nos enfrentaremos a esas sombras nuestras obviadas y negadas por tantos años (porque eran «malas»)? ¿Añoraremos el pasado? ¿Caeremos en idealizarlo? ¿Hasta qué punto nos paralizará el miedo? ¿Qué será eso que ya empiezan a llamar «nueva normalidad»? ¿Quién dictará qué y, todavía más intrigante (llámame «conspiranoica»), qué motivación habrá detrás, si es que la hay?

Conste que mi intención no es que nos sintamos miserables y sucumbamos todos a ese pesimismo que deprime y bloquea, pero creo que, solo aceptando la realidad (y todas sus posibilidades, incluso las más feas), podemos avanzar.

Eso, y, más importante aun, recordar (¿preferiblemente cada día?) que la Humanidad ya se ha enfrentado muchísimas veces a desastres de todo tipo, ya sean naturales, provocados por el mismo hombre (que vaya tela) o epidemias, endemias y pandemias dejando millones de muertos y mucha miseria a sus espaldas, pero también oportunidades. No que anime en sí, lo sé, pero sí que creo que ayuda a tomar perspectiva: lo mires por donde lo mires, no, no somos «los elegidos» (ni para lo bueno, ni para lo malo).

Qué somos, entonces, ¿supervivientes?

Pues, oye, quizás sí; y tampoco pasaría nada.

Una vida feliz es imposible: lo máximo que puede alcanzar un ser humano es un curso de vida heroico, luchando con enormes dificultades que redunden en el bien de todos. ―Schopenhauer, en Senilia.

De Transiciones y despedidas

Retos aparte, teniendo claro que la incertidumbre forma parte de la vida, hay algo que me interesa particularmente: la transición entre el mundo que dejamos y el mundo que viene, el que sea (ya paso de intentar adivinar cómo será).

Y es justamente lo que te propongo hoy, que nos centremos en la transición, asumiendo que si hay un cambio, hay también una bienvenida (aunque sea un poco a regañadientes, porque no estaba en la lista 2020 a los Reyes Magos de Oriente) y, previamente, un adiós.

Por lo que, entrando ya en tema, ¿te has planteado alguna vez qué significa para ti un adiós? ¿Cuántas veces te has despedido de algo y/o de alguien? ¿Transitas conscientemente entre etapas o pasas de una a otra sin darte cuenta?

Las despedidas cierran capítulos, libros o trilogías en nuestras biografías. De ahí su importancia, porque no es cuestión de tener mil argumentos abiertos, ni que sea por salud mental y emocional.

Aclarado el punto, quizá sería una buena idea preguntarte si tienes alguna despedida pendiente; una despedida que puede estar relacionada con alguien, pero también con algo, ya sea una creencia, una idea o un sueño que mejor sería dejarlo atrás.

Y, con las pendientes, las que puedes entrever.

Cualquier muerte, aunque metafórica, merece su ceremonia, aunque sea tan íntima que solo asistamos nosotros (recordemos que para nuestro bien).

Pero la ceremonia es solo una parte de un itinerario de transición que tiene sus propias etapas.

El viaje del adiós

Siempre que pienso en despedidas me viene a la cabeza El llibre dels Adéus/ Le livre des Adieux, un poemario del escritor barcelonés Josep Antón Soldevila, que lo escribió estando enfermo y pensando que sería su última obra, aunque luego (afortunadamente) no fue así.

De hecho, más de una década después, sigue publicando y, cosas de la vida, al final ese «último libro» se convirtió en el primero de una digamos trilogía introspectiva, que complementó con Des del desert (esa etapa de vacío tras completarse el adiós en la que sigue ese pulso de resistencia) y El Mur de Planck (que sería algo así como el renacimiento, el impulso vital, la luz del día que llega tras la oscuridad de la noche, pero meditada desde la ciencia).

El libro acompaña y, de algún modo, normaliza la situación de la despedida como parte de la vida, algo que, por lo que sea, olvidamos con frecuencia.

(Y cuánto más fácil sería todo si no recordásemos más a menudo que todo es cíclico y que el impulso vital es natural, ¿verdad?)

En su poemario, Soldevila, se centra primero en el dolor de la situación; luego, en la decisión de dar el paso de decir adiós a la pérdida; y la tercera, la incertidumbre de lo que nos espera tras darlo y entrar en «el exilio» como lo denomina el autor.

Pero el libro tiene una cuarta parte, mi favorita, en la que bajo el título de ‘Epitafios parciales’ compila una serie de poemas que no dejan de ser pequeños adioses.

Son preciosos, sugerentes y muy visuales. Y sí, te traigo uno:

43-josep-anton-soldevila-el-llibre-dels-adeus

Apuntes finales

La incertidumbre nos provoca dudas y malestar. Es algo muy humano, como también nuestra capacidad de adaptarnos a lo que nos venga.

Quizá la clave es aceptar la primera, confiar en la segunda, y luego armarnos de paciencia y disciplina mientras vamos preparando ese adiós tan necesario.

A ver, que también puede ser que me equivoque y que nos descubramos como las generaciones Masters del ‘be water’ y nos reinventemos tan ricamente, que perfecto (aceptaría el zasca con alegría) ; pero, por lo general, yo creo que nos encontramos ante un polireto (palabrejo de la semana para ‘muchos retos y todos de distinta índole’) de varios episodios, incluso de muchas temporadas.

Porque no nos engañemos: cuando las cosas van bien, todos somos estupendos, siempre in love con la vida, animosos y cantando el Happy de turno, pero cuando nuestro mundo se tambalea, no tanto.

Por lo que imagínate entonces cuando estamos hablando de muchos mundos tambaleándose al unísono, a salto de mata y salpicándose entre ellos (incluso sin querer).

No sé yo ni si las burbujas (propias o ajenas) funcionarán del todo con este guión que parece escrito sobre la marcha y pensado para que se luzcan los cerebros reptilianos, cuando tenemos dos más dispuestos a sentir y pensar con nosotros y desde nosotros… si los dejamos.

En fin, que, por si acaso, ante la incertidumbre de la siguiente pantalla de este juego que es la vida, yo creo que no estaría de más que, al recuerdo de Hércules y a la reflexión de nuestros valores, empezáramos a preparar un adiós de lo que fueron nuestros días hasta ahora sabiendo que, adaptarnos, nos adaptaremos; pero si lo hacemos de una forma más consciente y sin perder la esencia, pues mejor.

O eso creo yo.

¿Cuál será nuestra nueva pluma?

nm-logo (web)
Creative Commons License

naliamandalay | Bienvenido | PSYCH-K® | Legalidades | Cookies | Creación de teral30

overlay-nm

  • artículos
  • destellos
  • nalia
  • boletín
  • contacto
Cumpliendo con la Ley 34/2002 te informamos que utilizamos cookies. ACEPTORECHAZO Configuración + info
Política de cookies

Configuración de cookies

Esta web utiliza cookies para mejorar tu experiencia mientras navegas por el sitio. De estas cookies, las que se clasifican como necesarias son esenciales para garantizar el funcionamiento de las funcionalidades básicas. Las cookies de estadística nos ayudan a conocer más a los usuarios, pero nunca almacena información privada ni datos personales. Recuerda que tienes toda la información en la Política de cookies.
Necessary
Siempre activado
Imprescindibles para que puedas visualizar la web y navegar por ella correctamente. Son también las que permiten que puedas aceptar o configurar las cookies.
Non-necessary
Estas cookies son estadísticas y nos permiten analizar los hábitos de navegación de nuestros usuarios. Y es genial, porque así nos ayuda a identificar qué es lo que más les interesa.
GUARDAR Y ACEPTAR